Vivir bajo tierra en Londres y París: lujo y desafío arquitectónico

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Los tiempos y las tendencias cambian. Mientras muchos siguen mirando hacia las alturas para instalar sus lujosas viviendas en los rascacielos más imponentes y ostentosos, otros más transgresores prefieren horadar el subsuelo para convertirlo en exquisitas propuestas arquitectónicas.

Londres está a la vanguardia de esta moda residencial que transforma los sótanos de las casas en piscinas, salas de reuniones, spas, cines, bares o pistas de baile. Se trata de ganar espacio bajo las mansiones de los afortunados que pueden permitírselo.

Estos proyectos se localizan sobre todo en los barrios más exclusivos de la capital británica, como Knightsbridge, Chelsea, Fulham o Kensington. Según el consistorio londinense, sólo en esta última zona los permisos de obra para excavación y construcción concedidos en 2013 duplicaron las solicitudes de 2012.

Abramovich, Lazarfus, Griffith… Todos quieren su sótano VIP

El magnate ruso Roman Abramovich consiguió el pasado año el permiso del ayuntamiento para iniciar su proyecto de reforma. Se trataba de cambiar por completo su residencia de Cheney Walk, junto al Támesis, un enclave histórico que el estudio de arquitectura 6a promete convertir en una propuesta modernista en sus nuevos pisos inferiores. Cuentan con un presupuesto de 12 millones de euros para conseguirlo.

Edmund Lazarus, conocido financiero de la City, también ha comenzado las obras de tres plantas subterráneas bajo su mansión de Holland Park. Una colosal excavación para ubicar una piscina de 25 metros, gimnasio, cine, bodega y una habitación para fumadores.

Las arcas municipales londinenses han visto en estos proyectos una importante fuente de ingresos, por lo que se ha disparado el coste de los permisos para llevar a cabo estas reformas. Reade Griffith, otro reputado y rico financiero británico, ha tenido que añadir a los cinco millones de euros presupuestados para su lujoso sótano de 900 metros cuadrados otros 900.000 euros de tasa para el ayuntamiento.

Como comentaba en la prensa británica el portavoz de una de las empresas especializadas en obras subterráneas, “construir unos mil metros cuadrados puede costar alrededor de cuatro millones de libras (unos cinco millones de euros), pero la casa puede incrementar su valor unos 10 millones. Incluso pagando esa licencia tan cara, la rentabilidad de la obra está asegurada”.

¿Y por qué no aprovechar estaciones de metro en desuso?

El gusto de los londinenses por el subsuelo ya se percibió cuando hace tres años el ayuntamiento de la capital británica planeó transformar algunas estaciones de metro cerradas en pubs y restaurantes, aunque los planes se paralizaron por problemas de seguridad.

Ahora es París la que podría adaptar esa idea para recuperar como centros culturales, sociales o deportivos sus 11 estaciones ‘fantasmas’ cerradas (alguna desde 1930) por reformas en las líneas o por problemas de construcción. La iniciativa parte de Nathalie Kosciusko-Morizet, candidata a la alcaldía de la capital francesa en las elecciones del 30 de marzo, quien ha convocado a todos los ciudadanos a que hagan sus propuestas a través de una plataforma web.

La participación popular está siendo un éxito, aunque los proyectos que más han llamado la atención han sido los presentados por los arquitectos Manal Rachdi y Nicolas Laisné: una piscina olímpica en un entorno de paredes blancas; una discoteca con una insonorización perfecta; un amplio centro de convenciones; un auditorio; un museo vanguardista…

¿Quién dice que el subsuelo de la ciudad no puede llenarse de vida?

Imagen @y.becart, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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