El reto de la sostenibilidad redefine la profesión del arquitecto

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¿Arquitectura y sostenibilidad son conceptos compatibles? ¿Sobre qué bases debe sustentarse la arquitectura ecológica? ¿La arquitectura del siglo XXI puede permitirse no ser respetuosa con el medioambiente? Son tan solo tres de las preguntas que volaron en la sala de conferencias del Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (COAM) en una de las mesas redondas de la Semana de la Arquitectura de Madrid.

Sobre la tarima, los responsables de dos estudios de referencia mundial en la Arquitectura sostenible y ecológica, palabras que precisamente dieron título a una mesa redonda que ofreció una reflexión muy profesional en torno a uno de los grandes retos de la arquitectura mundial. Behnisch Architekten y TransSolar Climate Engineering compartieron su experiencia de largos años de colaboración en base al objetivo común de crear edificaciones de alta calidad, respetuosas con el medio ambiente y capaces de mejorar el espacio vital del hombre salvaguardando los recursos naturales.

¿La estética lo justifica todo?

El ingeniero Thomas Auer, de TransSolar fue el primero de los representantes alemanes en la mesa en tomar la palabra. Partiendo de la evidencia del coste medioambiental de las edificaciones, “responsables del 40% del C02, con un impacto mayor que el del tráfico”, defendió que “ahora tenemos el conocimiento necesario para buscar las respuestas a un problema, pero esa búsqueda no es sencilla porque la arquitectura tiene muchas capas. Sin embargo aunque sea un proceso lento, no podemos negar que estamos dando pasos”. Unas soluciones que en muchas ocasiones entran en conflicto con el valor estético de la construcción.

Para Stephan Behnisch, el partner arquitecto en este tándem, la reflexión y su posterior actuación debe partir de delimitar bien el término ecológico: “Cuando hablamos de arquitectura se están tocando muchos temas a la vez, y los profesionales tienen cierta tendencia a reducir el debate en la arquitectura al concepto de estetificación‘. Desdela década de los 50, la estética se ha convertido en un problema al conceder más importancia al exterior, a la apariencia, que al contenido”.

Behnisch considera que los profesionales deben aprender a priorizar, un principio sobre el que se basa la colaboración de su estudio de arquitectura con el de ingeniería de TransSolar que busca soluciones específicas a cada proyecto en función “del dónde, quién y en qué condiciones”. Está búsqueda lleva en muchas ocasiones a la utilización de “la máquina” (sistemas de climatización, por ejemplo) pero “en nuestra colaboración he contrastado que siempre son las soluciones no técnicas, las que salen realmente de la arquitectura y de sus formas, las que resultan más enriquecedoras. Pero para lograr esta simplificación en la solución es necesario que la colaboración ingeniero-arquitecto se produzca desde el germen del proyecto, para lo que hay que buscar un partner con el que tengas capacidad de entendimiento”.

Andrés Lepik, director de TU München (Museo de Arquitectura de Múnich) propuso por su parte una vuelta a las raíces de la arquitectura: “Es ahí donde podemos encontrar materiales mucho más ecológicos. Hoy tenemos que regresar a esos modelos antiguos para ver qué podemos aprender de ellos y hasta qué punto nos permiten no insertar tanta tecnología al edificio, ya que ésta siempre implica un coste medioambiental”.

Redefinir el confort del usuario

El arquitecto Joaquín Medina, que actuó de moderador de la mesa, planteó la importancia de introducir al usuario en el proceso arquitectónico para buscar soluciones que realmente respondan a sus demandas, una cuestión que sintetizó en un tema controvertido para el profesional: el diseño de las ventanas. Su tamaño, orientación y  apertura influyen en factores tan importantes como la climatización del edificio, lo que ha llevado en ocasiones a levantar complejos de oficinas que impiden la apertura de las ventanas al usuario, una solución cuanto menos cuestionada.

Thomas Auer recoge el testigo para afirmar que en “mi estudio no hay dogmas. Trabajamos pensando en el bienestar del usuario, nos preguntamos qué debe ofrecer el habitáculo para que se sientan bien las personas. Y esto nos lleva a la conclusión de que no se puede seguir actuando como en la década de los 90, cuando pensábamos que todo se podía solucionar con mucha tecnología”.

Behnisch es partidario de “redefinir las exigencias del confort. Hemos visto cómo la industria de la automoción era capaz de construir cada vez coches más potentes, ¿pero a qué coste medioambiental? Es un sector que aprendió a priorizar. El arquitecto debe actuar de un modo similar, y eso pasa por entender qué modelo de confort queremos para el usuario: ¿es mejor que la fuente de calor empiece a actuar desde los pies o desde la cabeza? Y una vez que lo definamos, buscaremos la solución. Por eso cuando construimos en el norte, el sol es nuestro amigo y buscamos una gran ventana, del mismo modo que cuando lo hacemos en el sur de España o en África, reducimos su tamaño para combatir su efecto”.

Al también arquitecto Eduardo Prieto el término confort, aunque importante, le parece que puede simplificar el reto de la sostenibilidad: “La arquitectura no lo será tanto si no está adaptada a su entorno”. En su opinión la piedra filosofal que busca el profesional bebe de los materiales, las formas, la estética, el clima, la eficiencia, la cultura, el usuario, toda una amalgama de condicionantes de los que debe surgir la verdadera solución: “De otro modo, la actuación del arquitecto solo sirve para colgar una etiqueta de ‘sostenible’ a un edificio, cuando todos sabemos que en unos años todas las edificaciones lo serán. Y el reto es mayor”.

Como colofón, Leipik concluyó este choque de ideas en busca de la definición de sostenibilidad arquitectónica: “El hombre está cambiando el planeta y los arquitectos asumen el reto de formar parte de esa transformación. Pero hoy no solo hay que resolver problemas, también hay que valorar las consecuencias que puedan tener sobre la sociedad, y ese hecho está cambiando la profesión”.

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