El contrato de electricidad: el primer paso para reducir la factura

MaloRegularBuenoMuy BuenoExcelente (Valóralo)

Son muchos los ciudadanos que se llevan las manos a la cabeza cada vez que revisan su factura de electricidad. Hacer un consumo responsable es el consejo más extendido, sin embargo, la revisión a fondo del contrato puede ser de gran utilidad en ese objetivo común de ahorro para la familia, el profesional o la pyme.

Desde el último cambio legislativo del pasado 1 de febrero y la introducción del Precio Voluntario para el Pequeño Consumidor (PVPC), muchas cosas han cambiado con respecto al recibo de la luz. Razón por la que, en ocasiones, revisar la factura es mucho más práctico que cambiar de operador, prestando atención a la potencia contratada, en contra de lo que ocurría con la anterior tarificación. En este detalle es donde encontramos el principal argumento de ahorro, según defendió Jesús Carrasco, de la consultoría Intelem, en el Foro de Soluciones de Eficiencia Energética organizado por la Cámara de Comercio de Madrid en el marco de la feria Matelec  (Salón Internacional de Soluciones para la Industria Eléctrica y Electrónica).

¿Qué es el PVPC?

Empecemos por aclarar este concepto básico: es el precio resultante de aplicar el cálculo de la legislación para que las comercializadoras cobren la energía eléctrica en baja tensión con una potencia que no supere los 10kW, y siempre que no haya elegido una oferta comercial específica, por ejemplo, de pago fijo mensual. Hay que tener en cuenta que con la nueva regulación, la tarificación se hace por horas, y hasta que no se extiendan los contadores electrónicos (que ofrecen un desglose horario) el usuario se mueve con cierta incertidumbre.

También conviene tener claro que debemos diferenciar los roles de los dos principales tipos de organizaciones, sus funciones y responsabilidades, que intervienen en nuestro contrato: el distribuidor y el comercializador. Todos los usuarios tenemos una relación contractual con ambos.

Misión del distribuidor

Según explica Jesús Carrasco, se trata de una actividad muy concentrada en un puñado de grandes empresas. Son los encargados de construir, mantener y operar las redes eléctricas que unen el transporte con los centros de consumo. Además, son los responsables de asegurar la calidad del servicio y de atender las demandas a este respecto. También, son responsables de la lectura de contadores y de mantener actualizada la base de datos con los puntos de suministro.

Misión del comercializador

Es quien vende al consumidor la energía eléctrica que ha comprado por alguna de estas formas: en el mercado diario (los precios se fijan diariamente a las 12:00 para las 24 horas siguientes, se cruzan la oferta y la demanda en base a un modelo establecido por todos los mercados europeos); a plazo, un conjunto de mercados en los que con días, semanas, meses e incluso años de antelación a la entrega física de la energía, se intercambian contratos de compraventa con plazos de entrega superiores a las 24 horas; o, a través de la contratación bilateral con el productor, negociando en exclusiva con los productores eléctricos.

El comercializador se encarga de contratar y pagar las tarifas de acceso en nombre del cliente por el uso de las redes de transporte y del distribuidor. Además, realiza ofertas comerciales a sus clientes, la contratación de suministro, la facturación y la atención post venta.

¿Conoces la potencia contratada?

Antes de tomar ninguna decisión debemos diferenciar qué aspectos podemos mejorar y a qué eslabón de la cadena compete. Como se ha indicado, estudiar la potencia contratada es uno de los puntos decisivos. Una forma sencilla de comprobar si contamos con una potencia mayor de la necesaria es que nunca salten los plomos pese a que en ese momento estén funcionando la mayoría de los electrodomésticos o instalaciones de mayor consumo. Para el cálculo debemos identificar a los mayores consumidores de energía (los de climatización, especialmente) y decidir cuáles deben funcionar de forma simultánea.

Para los grandes consumidores, como puede ser un edificio o una fábrica, el examen es más complejo. En este caso se recomienda acudir a un profesional que solicitará a la empresa distribuidora las curvas de consumo, de su estudio se definirán las necesidades, lo que puede dar sorpresas: por ejemplo, ¿cómo es posible que un colegio tenga un mayor consumo cuando los estudiantes ya han acabado su jornada? Una situación que en ocasiones se produce ya que mientras en horario escolar se aprovecha la luz solar, cuando se realiza la limpieza se puede encender la iluminación de todas las instalaciones.

Hay que saber que la bajada de la potencia solo implicará un coste administrativo, pero si la decisión es errónea, y luego hay que contratar más potencia, las condiciones del contrato pueden cambiar.

Problemas con la sobretensión

Otro tema importante de ahorro puede derivar de problemas con la tensión. Como usuarios no podemos contratar una tensión superior a la de la red de distribución de la zona, pero podemos encontrarnos con la circunstancia de que nuestras instalaciones reciban, de forma más o menos ocasional, un exceso. Una muestra de esta situación es que se fundan con facilidad las lámparas o, incluso, se estropee algún equipamiento. Según los cálculos manejados por Intelem “un 20% de sobretensión constante supone un consumo no deseado del 44% al consumidor”, además de afectar al consumo útil de los electrodomésticos, equipamiento informático y otros. Aunque la legislación solo permite una oscilación de la tensión por encima o abajo del 7%, si sospecha que esta puede ser su situación, la recomendación es instalar un estabilizador de tensión. En el caso de los grandes consumidores, se impone hacer una medición profesional con el uso de un polímetro en varias ocasiones y en diferentes franjas horarias para hacer un diagnóstico.

Imagen @Chris Potter, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

Etiquetas