¿Es vivir en Dos Hermanas otra forma de vivir Sevilla?

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El trajín de estudiantes no para. Los que llegan a clase, los que salen de ella, los que revisan los apuntes o leen sentados en las escaleras o en los jardines del campus; los que se juntan sin más para echarse unas risas y charlar… Vida universitaria en ebullición. O más bien, vida de una ciudad en ebullición. Porque Dos Hermanas hoy no se entendería sin la Universidad Pablo de Olavide, ni esa universidad podría haber encontrado un lugar mejor para que sus 10.000 alumnos se abran al mundo.

Es cierto que Dos Hermanas es mucho más que un campus, de hecho a finales de 2015 serán dos porque la Universidad de Loyola está construyendo en esta localidad su nuevo campus y se prevé que finalicen las obras para septiembre de 2015. Es en los espacios universitarios donde comienza a latir el corazón joven de una localidad joven, vibrante, con ganas de crecer sin dejar de ser sevillana hasta el tuétano (a eso no se renuncia jamás). Y eso significa que aquí lo que importa es la gente y la calle, el barrio y los vecinos, la tapa y la cañita al mediodía, los balcones con flores y la luz del sol en las plazas.

Al fin y al cabo, hace nada ,como quien dice, era un pueblo de agricultores, rodeado de olivos y regado por el Guadalquivir, que poco a poco fue atrayendo a miles de sevillanos porque se vive bien y barato, con la gran ciudad a la vuelta de la esquina en coche. Y eso cuando no había metro, porque ahora desde Montequinto (uno de los distritos de Dos Hermanas) al centro de la capital son  sólo diez paradas.

Así que podría decirse que Sevilla es la ‘otra hermana’ de Dos Hermanas. O para ser exacto, la hermana mayor, porque su vecina todavía es un niña, eso sí, sana y bien nutrida. Solo hay que fijarse en cómo ha crecido: hace 50 años había 35.000 habitantes en la localidad. Hoy son casi 100.000 más y dos terceras partes tienen menos de 40 años.

No es casualidad que pegase ‘el gran estirón’ al abrir la universidad, en 1997. Otro motivo para que familias y parejas jóvenes se pensaran lo de trasladarse a Dos Hermanas: buenos servicios públicos, residenciales nuevos y de calidad, centros académicos para todas las edades, buenas comunicaciones, sin problemas de tráfico… Resumiendo, calidad de vida. Además, si estiras el cuello ves la Giralda a lo lejos.

“Pero cuidado. Dos Hermanas es Dos Hermanas y Sevilla es Sevilla. Sevillanos todos, pero cada uno con lo suyo”, dice con chispa Fernando Vallejo, un informático que nació en la localidad y trabaja en la capital. Y continúa con su explicación mientras se toma una tapita en Casa Rafa, uno de los bares que conoce todo el mundo de por aquí: “A nuestro ciudad le sobra arte. En Dos Hermanas tenemos la romería de Valme, que se vive con tanta pasión como la Semana Santa de Sevilla. Y tenemos también nuestra propia feria, la Feria de Mayo, que no será tan famosa, pero… ole. Caballos, casetas, baile, sevillanas hasta la madrugá, rebujito, mujeres guapas… ¡No tiene nada que envidiar a la de nuestros vecinos!”

Comprendido. Es inevitable no sentir la influencia de la capital, pero Dos Hermanas no quiere perder sus raíces. Aunque tampoco renuncia a estar a la vanguardia de todo (es lo que tiene la juventud): más jardines y parques para que el crecimiento de la ciudad sea verde y sostenible, modernos centros culturales, un concurso nacional del cómic, otro de cortometrajes… Y los universitarios llenando de energía y alegría los barrios populares.

“Y si un sábado por la noche quieres cambiar de aires, te coges el metro y te vas para Triana. Es lo bueno de vivir en Dos Hermanas, aquí tienes todo lo que necesitas y si no, de un saltito estás en Sevilla. De lujo, vamos…”.

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