¿De dónde viene la energía? Conceptos básicos

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En este artículo, vamos a mostrar el origen de la energía que utilizamos cada día en nuestros hogares. Aunque es un elemento del que todos hacemos un uso cotidiano, muchas personas desconocen por completo qué pasa más allá del cuadro eléctrico que tenemos detrás de la puerta de casa, o de los múltiples enchufes que adornan nuestras paredes. Conocer su procedencia nos va a ayudar a un uso más eficiente.

Se considera energía primaria a toda forma de energía disponible en la naturaleza. Y cuando ésta la transformamos con los medios tecnológicos actuales, obtenemos, lo que llamamos, energía secundaria. Por ejemplo, mediante el aprovechamiento de la radiación solar (energía primaria) en un campo fotovoltaico, obtenemos energía eléctrica (energía secundaria)

Por fuentes de energía primaria entendemos los combustibles fósiles (fuel, gas, carbón), el viento (eólica), el sol (fotovoltaica, solar térmica y  termoelétrica), las olas del mar (undimotriz)…

Si clasificamos la energía primaria en función de su origen, ésta puede ser renovable o no renovable:

  • Energía renovable es toda aquella procedente de fuentes inagotables; a la vez que la consumimos o transformamos, se está generando continuamente en todas partes del planeta. Por ejemplo la energía eólica: en nuestro país disponemos de más de 1.200 parques eólicos, que han producido más de 48.000 gigavatios (GWh) eléctricos durante 2012, lo que supuso cubrir el 18% de la demanda eléctrica nacional (según datos de la Asociación Empresarial Eólica).
  • Energía no renovable es la que tiene fecha de caducidad, es decir, se encuentra almacenada en yacimientos (conocidos o aún por descubrir), pero su cantidad es finita, se puede cuantificar, y llegará un día en que se agotará.

Pero, ¿por qué es tan importante la energía?

En la sociedad actual, donde el más mínimo detalle u objeto que utilizamos cotidianamente se nutre de energía eléctrica, no podemos quedarnos sin suministro de un día para otro. Esto sería una catástrofe desde el minuto uno: todo en nuestros hogares va enchufado a la red, desde el portero automático del portal hasta la propia caldera de la calefacción, la nevera, el teléfono móvil (imaginémonos no un día, sino un mes sin móvil…), etc. Nuestras vidas estarían obligadas a cambiar, posiblemente a peor porque, la mayor parte de avances tecnológicos que tenemos ahora, están para hacernos la vida más cómoda y fácil a cada uno de nosotros.

¿Cómo podemos contribuir los ciudadanos a una estabilidad energética?

Debemos ser conscientes del problema que entraña consumir más energía de la necesaria. El contar con mini aparatos electrónicos para casi cualquier cosa no significa directamente que estemos consumiendo más de lo debido; puede que su uso nos esté haciendo ahorrar tiempo y dinero, además de evitar un gasto de energía derivado de otra actividad.

En la actualidad el mercado ofrece diferentes productos cuyo resultado es el mismo, pero cuyo consumo energético no es iguales. Estamos habituados a asociar el vehículo diesel con un menor consumo de carburante que un vehículo de gasolina, y ya es una realidad saber cuándo una televisión de “x” tipología consume menos electricidad que otra de tipología “y”.

Lo mismo ocurre con las viviendas. Una persona que haya vivido en diferentes apartamentos, se ha podido percatar de que los consumos energéticos no son iguales. Si una casa es soleada puede contribuir positivamente en el ahorro de energía: no hará falta encender tanto la calefacción, debido a la ganancia de calor producida por la incidencia de los rayos del sol.  Además la orientación geográfica es algo muy importante en la eficiencia energética de una vivienda.

Las medidas para contribuir al ahorro energético en nuestras casas, pueden ser de dos tipos:

  • Medidas activas: dirigidas a la reducción del consumo energético por una evolución tecnológica, como por ejemplo, las calderas de condensación. Éstas tienen una mayor eficiencia energética que las convencionales debido a que aprovechan la alta temperatura de los gases de escape (producto de la combustión interna), para obtener calor. Gracias al avance de la ingeniería, podemos obtener mejores rendimientos energéticos que si nos quedásemos anclados en las soluciones tradicionales.
  • Medidas pasivas: se trata de realizar acciones enfocadas a que nuestro hogar necesite una menor cantidad de energía (la energía que va a consumir nuestra calefacción) para ofrecernos el mismo confort. Además de tener una fachada soleada, existen muchos más puntos a evaluar para conocer la eficiencia energética de nuestros hogares. Cuando realicemos un diseño arquitectónico enfocado hacia el aprovechamiento de todos estos puntos, nuestra vivienda comenzará a parecerse a lo que llamamos “casa bioclimática”: edificación concebida para que su consumo energético sea reducido, aprovechándose del sol, del viento, reutilizando el agua de lluvia, etc.

El camino de la eficiencia energética en la edificación combina ambos caminos para que, desde un primer momento, podamos llegar a vivir dentro de una vivienda con la máxima eficiencia energética. Es lo que podemos llamar edificio de consumo de energía casi nulo: aquél que está dotado de la máxima tecnología en eficiencia, junto a un diseño bioclimático totalmente enfocado al máximo aprovechamiento de los recursos naturales.

 

Foto: @NeoGaboX, distribuida con licencia Creative Commons CC BY 2.0

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