Viviendo entre mitos y leyendas en la verde Cantabria

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Habitan en lo más profundo de los bosques cántabros, o a veces se esconden en lo más inaccesible de sus montañas, o nos observan desde el mar que baña sus costas escarpadas. Son seres fabulosos, bondadosos unos, terribles otros, que nacieron de la imaginación de los antiguos para estar siempre en estas tierras cántabras tan fértiles para los hombres como para los mitos y leyendas.

Y hoy siguen entre sus gentes, sobreviviendo en los relatos que todavía los abuelos cuentan a sus nietos, formando así parte de la cultura popular que hace de esta región de España un lugar tan especial para vivir.

Casi cada rincón de Cantabria cuenta con su propio personaje mitológico. El Ojáncanu, un cíclope cruel, aún sigue asustando a los niños del interior montañoso, al contrario que la Anjana, el hada buena que protege a las gentes honradas y a los enamorados que se pierden en los bosques y los caminos.

Los duendes prefieren rondar las casas solitarias, sobre todo los trasgos y los trastolillos, muy conocidos en la mitología cántabra. Por San Juan aparecen los Caballucos del Diablu volando y bramando sobre los fuegos que se encienden en la noche. Y siempre que haya tormentas y tempestades, es que los nuberus, seres que controlan los cielos y el tiempo, están de mal humor.

En Miengo, pueblo encantador de alma marinera próximo a Santander, todos conocen a la Sirenuca. Algunos juran que la han visto por la playa de la Cuchía, un lugar privilegiado donde se ubica una promoción de chalés unifamiliares ideal para disfrutar de todo lo que ofrece el Cantábrico, como los dulces cantos de la sirena que una vez fue niña.

La leyenda dice que la Sirenuca era una joven que iba a marisquear a los acantilados de esta costa. Siempre feliz, siempre cantando al ritmo de las olas. Pero una maldición la convirtió en sirena y desde entonces solo canta para prevenir a los marineros del peligro de las rocas.

La mujer-osa de las montañas

Pero los mitos no solo emergen del mar, como bien saben los vecinos de Ontaneda, a 25 kilómetros de Torrelavega, con los Picos de Europa en el horizonte y los bosques del Parque Natural de Saja-Besaya como marco natural. Un escenario impresionante y muy propicio para acoger a seres sobrenaturales. O no tanto…

La Osa de Andara es una fábula que, según algunos antiguos testimonios escritos, tiene su origen en un personaje real. Parece que era una ermitaña que habitaba en la zona, entre las montañas, y que se alimentaba de la tierra y de sus cabritos. Luego se hizo leyenda y se convirtió en un ser temible, medio mujer medio osa, con el cuerpo cubierto de pelaje. Y pobre de aquél que se la encontrara….

Historias como estas no pueden desaparecer porque enriquecen el gran patrimonio popular de los cántabros, al igual que la del Hombre-Pez, que se perdió en el río Miera y apareció en la bahía de Cádiz (quizá prefería aguas más cálidas), o la del L´Esquilu de los Dientis, una ardilla haciendo funciones del Ratoncito Pérez. Cantabria fantástica… nunca mejor dicho.

Imagen destacada @AlbertoCabello, distribuida con licencia Creative Commons By-2.0

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