Utrera, capital del flamenco

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Con la caída de la tarde, se suaviza el termómetro y Utrera se pone guapa. Es sábado, el último del mes de junio, y esta ciudad sevillana a sólo 26 kilómetro de la capital, se prepara para rendirse a los pies del flamenco en el festival Potaje Gitano, imán de turistas, meca de los devotos del cante y orgullo de sus más de 50.000 habitantes. La avenida de San Juan Bosco vibra a la altura del número 13, ocupado por el Colegio Salesiano, una mole en cuyo patio se han instalado un tablao monumental y un montón de mesas con sillas y manteles de postín. Porque de eso se trata: de sentarse a disfrutar de la buena comida, de la música con mayúsculas y de la compañía del vecino.

Para todos los públicos

La cola que se ha formado a la entrada del recinto es un río de familias (niños incluidos) y grupos de amigos (de adolescentes y de cuadrillas de categoría sénior). Los hay que debutan, como Carmen, que agarra con fuerza el brazo de su hija: “De Sevilla he llegado esta mañana –dice, como si los 20 minutos de viaje hubiesen supuesto para ella un mundo–. Tengo 62 años y llevo casi toda mi vida queriendo estar aquí. ¡Me voy a hartar a llorar de la emoción, ya verás!”. Por supuesto, no faltan los incondicionales, los de siempre, esos veteranos que recitan del tirón el cartel del festival desde su primera edición. “Por aquí han pasado Chano Lobato,José Mercé,el Lebrijano,Carmen Linares,el Polaco,Nano de Jerez… –recuerda Santiago–. Ahora esto se organiza a lo grande, pero tenía su gracia cuando era un montaje de amigos, una cosa pequeñita por fuera pero con un espíritu inmenso”. Santiago se refiere a aquella noche de verano de 1957 en la que, reunidos en una caseta de tiro al plato instalada en el arranque del camino de Consolación, un puñado de miembros de la Hermandad de los Gitanos dio buena cuenta de un potaje a base de patatas, judías verdes (frejones), tomates, cebolla, ajo, laurel, sal y pimentón. Pasó entonces lo que dice el refranero (“de la panza sale la danza”) y la cena, a la que no faltaron invitados tan ilustres como Diego el del Gastor, Perrate, Cuchara y Gaspar de Utrera, acabó convertida en un emocionante recital de bulerías, soleás, siguiriyas y claritas. Fue el origen de una tradición que más tarde mutaría en el exitoso festival de hoy en día.

Cuchara de palo

Al acceder al patio del Colegio Salesiano, el asistente recibe una cuchara de madera, recuerdo de una jornada de magia y útil herramienta durante el resto de la velada. Porque, igual que hace más de cinco décadas, aquí se toma potaje, acompañado de un bollo de pan y de un tinto. Por el patio circulan las tarteras llenas de guisos elaborados con amor, los termos y las frascas, muchos acompañados de sus neveras, que la noche promete ser intensa y larga. Y hay que llegar con energía al momento cumbre, el del homenaje a alguna de las figuras más grandes de la historia del flamenco… y de otras disciplinas.

Lo han recibido maestros dispares, desde el torero Rafael de Paula y la cantante y actriz Marifé de Triana hasta Alejandro Sanz y Raphael. Nombres que dan lustre al catálogo de la fiesta y que ponen de manifiesto la grandeza de un arte muy nuestro. Y, sobre todo, muy de Utrera.

Pero no hay que esperar a ese último sábado de junio para pulsar el latido flamenco local, en Utrera siempre que hay fiesta saltan los acordes de las guitarras y puedes escuchar las palmas y los quejidos sonar. Si vas en septiembre te espera la Feria de Consolación, un peregrinaje al santuario de la Virgen de la Consolación al que llegan vecinos de todo los vecinos de la comarca de La Campiña. En noviembre, podrás disfrutar del Festival Flamenco del Mostachón, organizado por la peña flamenca Curro de Utrera y que tiene lugar en el Teatro Municipal de la localidad Enrique de la Cuadra.

El arte de Utrera también puedes disfrutarlo a diario por sus calles, comenzando por el paseo de la Consolación y pasando por el recogido pasaje del Niño Perdido. El bullicio del municipio se disfruta en las terrazas de las plazas de la Constitución y del Altozano, y la gastronomía utrerana se degusta en los platos que salen de la cocina en Besana, Doña Juana y Casa Diego. Vivir en Utrera es mucho más que flamenco, es relajarte caminando sin rumbo por las callejuelas del centro del municipio, flanqueadas por casas cuyas fachadas, blancas y amarillas, reflejan los rayos del sol. Esa luz que siempre acompaña a esta zona de Andalucía.

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