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De la muralla que protegía todo el recinto de la antigua Tarraco solo se conserva el tramo que hoy identifica el centro histórico. Apenas un kilómetro que merece la pena recorrer a pie para descubrir el pequeño secreto que explica el peso que tiene esta ciudad en la historia del continente.

Al llegar a la torre de San Magín, una de las tres que siguen en pie después de dos milenios, hay que acceder a su interior y buscar una inscripción en una de las troneras.

El centurión Manius Vibio, que dirigía las tropas que estaban levantando la fortaleza, labró con su propio puñal una oración a la diosa Minerva con el objetivo de que protegiera la nueva ciudad y la convirtiera en un símbolo de la grandeza de Roma. Esa leyenda es hoy la inscripción latina más antigua de la Península; y la muralla que finalizó con sus hombres, la construcción romana (aparte de las italianas) más antigua de Europa.

Tarragona es historia que se vive en sus piedras, su urbanismo, sus tradiciones y sus gentes, quienes la recrean en fiestas y encuentros populares. A mediados del mes de mayo se celebró una nueva edición de Tarraco Viva, un festival de repercusión internacional que sirve para recuperar, a través de 400 actividades culturales y representaciones callejeras, el pasado romano que marca la personalidad de la ciudad.

La primera edición tuvo lugar en 1999, momento en el que se reclamó que el conjunto arqueológico urbano fuera declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y lo consiguieron al año siguiente.

Eso dio lugar a que Tarraco Viva siguiera protagonizando cada mayo el programa cultural municipal y que surgieran otras iniciativas para atraer a nuevos visitantes. Para este mismo verano, el ayuntamiento tiene prácticamente ultimados una serie de espectáculos de recreación histórica que se engloban dentro del programa Tarragona. Historia Viva, que se desarrollará desde el 23 de julio en 14 emplazamientos arqueológicos romanos.

El más importante de todos ellos, el anfiteatro, será destinado a representaciones de obras clásicas. También servirá de escenario la Antigua Audiencia, el imponente torreón que dominaba el Foro Romano y que es centro administrativo, religioso y cultural de Tarragona.

Junto a los restos del circo, donde se celebraban carreras de cuadrigas, los curiosos podrán entender mejor el ocio de sus antiguos habitantes. Y en los alrededores de la Torre de los Escipiones, uno de los monumentos funerarios romanos mejor conservados de la Península, las recreaciones históricas explicarán el universo de sus divinidades.

Roma hizo de Tarraco una referencia en su imperio y un tesoro para las siguientes generaciones, que siguieron considerándola una plaza fundamental en el comercio mediterráneo y una joya de la corona para papas y reyes.

Por eso su riqueza monumental no se limita al legado romano. A lo largo de los siglos, árabes y cristianos han alimentado su patrimonio con obras religiosas, como la espectacular catedral, o civiles, como el Portal de San Antonio o el Barrio del Serrallo o de los Pescadores. Un entorno único que hace de Tarragona una ciudad extraordinaria; y de sus vecinos, unos afortunados herederos de un increíble pasado.

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