¿Por qué el mundo mira a España como el nuevo fenómeno de la arquitectura?

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Los arquitectos españoles acaparan premios y menciones, y los medios especializados de todo el mundo hablan de una avalancha de ingenio técnico e imaginación que está haciendo de muchos de nuestros profesionales una referencia internacional.

En mayo, el estudio de Antonio Cruz y Antonio Ortiz acumulaba un nuevo reconocimiento por la renovación del Rijksmuseum de Ámsterdam, nombrado Museo Europeo del Año por el jurado del Foro Europeo de los Museos (FEM).

Al concurso para levantar la sede del Museo Guggenheim de Helsinki se presentaron 1.700 candidaturas y dos de los cinco finalistas han sido nacionales. El estudio madrileño SelgasCano es el encargado de construir el reputado pabellón veraniego de la Serpentine Gallery de Londres. Y Andrés Jaque resultó ganador del certamen que decidía el arquitecto del pabellón PS1 del MoMa en Nueva York. Y estos son solo algunos ejemplos.

¿Por qué semejante éxito? Jordi Ludevid, presidente del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (CSCAE), sostiene que “la arquitectura española presenta dos factores diferenciales de competitividad. El primero es una formación que incorpora tecnología y urbanismo, lo cual no se da necesariamente en otros países. El segundo es la experiencia que supone haber construido todo tipo de edificios y equipamientos públicos españoles durante 30 años, talescomo hospitales, escuelas, universidades, plazas o calles”.

Habría que añadir otro elemento que va más allá de la formación: talento, cualidad intangible que fue especialmente valorada por el jurado que ha concedido los últimos premios Mies Van Der Rohe, los más prestigiosos de la Unión Europea, y de nuevo con protagonismo español.

El Premio a la Arquitectura Contemporánea ha recaído en la Filarmónica de Szczecin de Polonia, una extraordinaria caja de luz de líneas rectas y tejados verticales a dos aguas, obra de los arquitectos Barozzi/Veiga, que tienen sede en Barcelona.

Toda la estructura exterior es de vidrio y está iluminada desde dentro para crear un atractivo efecto visual desde cualquier perspectiva. El interior es austero, limpio y espacioso, con predominio del hormigón. “La sencilla composición de los espacios de circulación interior contrastan con la expresividad de la sala principal y la sala de conciertos cubierta de pan de oro”, explicaba el jurado.

El galardón al Arquitecto Emergente fue para el estudio barcelonés Arquitectura-G por la Casa de la Luz de Cilleros (Cáceres). El proyecto se basaba en la reconstrucción total de una modesta casa de pueblo de 136 m2 con el propósito de aprovechar la luz natural y crear nuevos espacios a partir de un patio interior. Todo ello con un presupuesto muy limitado: 66.000 euros.

Tonos penetrantes en los suelos, frescor en las paredes, estructuras metálicas para definir espacios… Y solo la fachada de piedra como recuerdo de la vieja casona. El jurado ha valorado “la simplicidad y la claridad de los espacios, su respeto ambiental y la paleta de colores que resulta de las baldosas de terracota, lo que demuestra que una buena arquitectura no tiene por qué ser cara o espectacular”.

Buena arquitectura, original, creativa, vanguardista en lo técnico y sorprendente en lo artístico. Así es la revolución española de la construcción.

Imagen destacada @Clément Belleudy, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0.

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