Granada, el templo del tapeo por excelencia

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Granada es famosa, entre otras cosas, por su tapeo. Son muchas las recomendaciones que llueven, por parte de tus amigos y familiares, cuando se enteran de que vas a visitar la ciudad. La tortilla del Sacromonte, el arroz marinero, los caracoles al estilo del Albaicín o el remojón granadino son algunos de los platos que podemos degustar en esta tierra.

Primeros pasos en Granada: dialecto y belleza natural

Lo primero que notamos al llegar a Granada es el acento de sus habitantes, un andaluz oriental que en seguida conquista el oído de los extranjeros. Más o menos como sus gentes. Universitarios, amantes del esquí, turistas, autóctonos… Las calles de la ciudad tienen sitio para todos. Esta localidad es una visita obligada para todo aquel que quiera disfrutar del buen comer, de la historia, del arte, de la naturaleza y, en definitiva, del buen vivir.

«Dale limosna, mujer, que no hay en la vida nada como la pena de ser ciego en Granada», reza una placa situada en la torre de la Pólvora, en la Alcazaba. Son versos de Francisco de Icaza, crítico, poeta e historiador mexicano, que reflejan la belleza de la ciudad y que se han incorporado a la sabiduría popular, mostrando con claridad las características de la bellísima ciudad andaluza y la absoluta necesidad de conocerla.

Razones para esta afirmación no faltan. Por ejemplo, el mismísimo ex presidente de EEUU, Bill Clinton, no dudó en afirmar que no hay mejor atardecer en el mundo que el que se observa desde el barrio del Albaicín. Además, las vistas desde el mirador de San Nicolás son algo que jamás se olvida… y el Paseo de los Tristes, que nos lleva hasta allí, también se grabará en nuestra memoria.

“En Granada se pasea, no se corre”

Pasear por sus calles en cuesta, perdernos en las esquinas de sus calles encaladas y, casi sin darnos cuenta, dejarnos caer en las casas-cueva del barrio del Sacromonte. Todo ello pasando por la calle de las Teterías, donde nuestros antepasados árabes o, al menos, sus costumbres, vuelven a nosotros en primera persona.

“Aquí se pasea, no se corre”, nos dicen. Aquí no existen las prisas. Aquí nos dejamos llevar por el bullicio de sus calles, de los alrededores de la Catedral; nos dejamos embriagar por la belleza de los jardines del Generalife, de la majestuosidad de la Alhambra, de la vida que respira esta ciudad en cualquiera de sus rincones.

Las tapas: el plato estrella

Pero nosotros aún vamos más allá, ya que Granada es el templo del tapeo por excelencia. En esta población, pedir una caña o un vino siempre va acompañado de una tapa, pero no hablamos de un platito de patatas fritas o simples cacahuetes sino de comidas dignas de un marajá. Y es que las tapas son el reflejo de la cocina casera, creativa, cuidada y, como ya hemos dicho, en cantidades más que importantes.

Gamba blanca, fritura de pescado, sesos, mollejas, pijotas, cazón en adobo, caracoles, melva, albóndigas nazaríes, ciervo a la granadina, salmorejo… Las barras de los bares de Granada son el perfecto escaparate de estas delicias.

Tabernas centenarias como Casa Enrique, clásicas como las Bodegas Castañeda, de ambiente universitario como el Bar Páramo o de lo más cool (porque tapear también puede ser fashion) como el Bar Soria o la Bella Kurva son las distintas opciones para el público que acude a Granada. Da igual la edad, el sexo, la profesión, los gustos o las manías… El arte del tapeo atrapa a cualquiera y, en esta ciudad, no es una simple forma de vida, es casi una religión. Feligreses, está claro, no le faltan.

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