Cuando los huertos urbanos se convierten en un sueño hecho realidad

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Se nota que esta es tierra fértil. Lógico en una comarca de la vega del Guadalquivir. Y además en plena Ruta de la Plata, por la que pasan cientos de peregrinos que desde el sur acaban logrando la bendición del Apóstol en Santiago. El mejor lugar de paso. Tierra rica en cultura… y en frutos, claro, y de eso saben ‘una jartá’ los vecinos de Guillena (a sólo 15 minutos en coche de Sevilla).

Para José Aparicio, uno de los que han tenido la suerte de nacer en esta vega, es “todo un espectáculo” contemplar las matas de tomates, de calabacines y berenjenas que tapizan de verde el huerto municipal número 12 de Las Pajanosas, una de las pedanías de Guillena. Ese pedacito de tierra se ha convertido en la afición y la pasión de este jubilado, que trabaja en él desde que hace un par de años el ayuntamiento se lo cediera como parte de un proyecto social. Tantas buenas experiencias y emociones le da, que el pasado verano fue el ganador del primer concurso de temporada de los huertos urbanos de Las Pajanosas.

Sal a la calle. Echa un vistazo a tu barrio. Observa los solares vacíos, los terrenos abandonados… Tanto espacio desperdiciado cuando seguro habría mucha gente dispuesta a sacarle provecho. Al fin y al cabo, cultivar está en nuestros genes. Así que, de alguna forma, se trata de volver a los orígenes para cambiar la imagen de nuestras ciudades y pueblos, como en Guillena, donde todos están orgullosos de ser un ejemplo ‘verde’ para la región.

Porque ni mucho menos José Aparicio es el único agricultor aficionado. Otros 140 vecinos de esa localidad sevillana comparten con José el mismo proyecto y la misma ilusión: recuperar espacios rústicos a través de los cultivos, apostar por la agricultura ecológica y, sobre todo, fomentar la participación ciudadana disfrutando de la actividad lúdica de los huertos.

¿Quién quiere un huerto?

Pues mucha gente más. Tantos que el ayuntamiento está pensando en repartir más parcelas. Y es que cuestan muy poco, solo 60 euros al año y a cambio, además, tienes todo el agua que necesites. Poco dinero para todo la ilusión que se pone y lo entretenidos que están los pequeños agricultores. Primero preparando la tierra a base de azada, luego buscando los plantones y las semillas… Un paseo por la mañana para hacer el primer riego, otro por la tarde para limpiar el terreno… “Si quieres, te pasas la horas muertas cuidando de tus plantas. Hay que poner mucho cariño para tener el huerto de espectáculo”, dice don José.

Al final se recoge tanta cosecha que es más de lo que una familia puede consumir, así que mucho se reparte. “Se trata también de ayudarnos un poco entre todos”, comenta una huertana que lleva un hatillo de espinacas y cebollas. Mañana promete preparar unos garbanzos con espinacas “de quitar el sentío”. Aquí nadie llora por el menú: ¿un salmorejo? No hay ninguno mejor que el que se hace con los tomates que salen de esas matas. ¿Y esa carne que sabe a gloria con los pimientos fritos recién cortados?

Es impactante darse cuenta de hasta qué punto un trozo de tierra da más corazón y alma a los lugares donde vivimos. Así ocurre con otros 200 huertos públicos que se reparten por toda Andalucía, como los de Los Barrios (Cádiz), Loja (Granada), el Parque Moret (Huelva), el Parque de la Asomadilla (Córdoba) o el del Polígono del Valle (Jaén). Y mucha alma y corazón hay en el Parque de Miraflores de Sevilla, donde crecen los huertos de las Moreras, el primer proyecto de este tipo que surgió en la región. Allí 180 pequeños agricultores se ocupan de parcelas de no mucho más de 100 m2. Sorprende todo lo que puede plantarse en ese espacio con un poco de trabajo, algo de abono y mucho amor. Además hay un ‘invernadero joven’ y otras 11 parcelas de huertos escolares asignadas a otros tantos colegios públicos para que los chavales se manchen las manos y, de paso, aprendan un poco de biología.

“Es normal que la gente quiera cultivar su tierra. De eso vivieron nuestros abuelos y hay algo dentro de nosotros que hace que nos guste ver crecer lo que sembramos –dice Willy, otro de los agricultores urbanos de Guillena–. ¿De qué sirve un solar? Mejor hacer un huerto para que los vecinos disfruten, coman y compartan lo que recogen. En eso consiste también ser un pueblo, ¿no?”

Imagen destacada @Ayuntamiento de Guillena.

Imagen derecha @Huerta de las Moreras.

 

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