Casa pasiva: reducir el 90% del consumo de energía es posible

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“Me he comprado una casa pasiva”. Si no sabe si debe recibir con consternación o alegría el anuncio de su mejor amiga, es que aún no conoce uno de los mayores avances en la arquitectura de vivienda de las últimas décadas. La casa pasiva o Passive House reduce del 70% al 90% las necesidades de consumo energético para su climatización.

Bueno para el bolsillo y bueno para el planeta. Con esta consigna, la arquitectura pasiva avanza y pronto se convertirá en el nuevo estándar de construcción. Son viviendas de alta eficiencia energética con un consumo casi nulo para su climatización, que utilizan recursos de la arquitectura bioclimática y potencian las bondades de los modelos constructivos y materiales tradicionales, por ejemplo, la madera, la cerámica, el adobe o el bambú.

El desarrollo de la vivienda pasiva es ya una realidad. La Directiva de Eficiencia Energética de Edificios (2010/31/EC) ha establecido que a partir del año 2021, todas las edificaciones de nueva planta deben realizarse bajo los preceptos de los edificios de consumo de energía casi nulo (nZEB, Nerarly Zero Energy Building). Aunque todo parece indicar que Administraciones Públicas e industria requerirán de un plazo mayor para aclimatarse a estos objetivos, lo que está claro es que este modelo constructivo pronto se impondrá.  

En España ya son muchos los ejemplos. El Centro Cívico Les Corts de Barcelona, el Palacio de Congresos Europa de Vitoria, o la Biblioteca de Villamediana de Iregua de La Rioja son construcciones notables dentro de la arquitectura pública. En el caso de edificios de viviendas, los ejemplos son innumerables, de modo muy especial en las unifamiliares.  

Su historia

El concepto nació a finales de la década de los años 70 del siglo XX en Estados Unidos. Se inspira en el libro The Passive Solar Energy Book, de Edward Mazria (El libro de la Energía Solar Pasiva, en español), que recoge experiencias singulares de climatización de edificios aprovechando las condiciones climáticas y limitando el uso de soluciones convencionales. La iniciativa mereció el reconocimiento de este arquitecto como padre del movimiento, que cristalizó en 1980 con la publicación de La casa pasiva: clima y ahorro energético, del Instituto de Arquitectura de Estados Unidos.

Pero fue en la década de los 90 cuando la arquitectura pasiva se perfecciona y alcanza un gran reconocimiento en Alemania. Bajo la influencia de los profesores Bo Adamson y Wolfgang Feist se construyó en Darmstadt el edificio que estandarizó las bases del movimiento.

Dada la buena acogida, Feist crea en la citada ciudad alemana el Passivhaus-Institute que comercializa un sistema de certificación que establece que una casa que cumpla con el estándar debe reducir la demanda de energía en calefacción en el 90%. Esto es posible tras el desarrollo de patentes como sistemas de ventilación y vidrios de alta eficiencia energética, que han sido utilizados en miles de edificaciones sobre todo de Alemania y Austria, desde donde va extendiéndose al resto del mundo.

Cinco claves de la casa pasiva

Aunque se trata de un concepto en permanente revisión, podemos tomar las cinco claves citadas por la Plataforma de Edificación Passivhouse para definir el modelo.

  • Aislamiento térmico total. Dotar de una envolvente que proteja el interior del edificio de las temperaturas más extremas del verano y el invierno es la principal característica de la casa pasiva. El consejo es que el grosor de estos aislamientos en cubiertas, paredes exteriores y suelos sea adaptado a las condiciones específicas de cada localidad, por lo que cada proyecto debe estar realizado a la medida del clima donde se ubica y de su orientación.
  • Eliminación de roturas térmicas. Otra importante aportación de esta escuela es eliminar las pérdidas o ganancias no deseadas de temperatura por las juntas o esquinas. En una vivienda habitual estas zonas son más frías o calientes que el resto, y en casos extremos pueden generar la aparición de humedades y moho, como ocurre en las juntas de ventanas con el muro interior. Para corregir estas deficiencias se puede construir sin puentes térmicos, de modo que la capa de aislamiento sea continua, y cuidando de las juntas entre los diferentes elementos constructivos.
  • Puertas y ventanas de altas prestaciones. Estos elementos deben completar el efecto de aislamiento total que se persigue. Es muy importante que se ubiquen en los lugares adecuados y que sean instaladas correctamente. Se apuesta por carpinterías de doble o triple vidrio rellenas de gas inerte. El más habitual es el  argón, que potencia las prestaciones aislantes y se mantiene a una temperatura más próxima a la del interior de la vivienda, eliminando el punto frío de un vidrio clásico.
  • Hermético al aire. Según se explica en Plataforma de Edificación Passivhouse “la hermeticidad del edificio se mide con una prueba de presión o ensayo Blower Door”. El objetivo es evaluar el nivel de permeabilidad creando una presión diferente entre el interior y exterior sirviéndose de un gran ventilador. El resultado de la prueba debe ser inferior a 0,6 renovaciones de aire por hora en un diferencial de presión de 50 Pa (Pascal), lo que garantiza la adecuada calidad del aire interior sin pérdidas energéticas.
  • Ventilación mecánica con recuperación de calor. La casa pasiva recupera y reaprovecha el calor generado por electrodomésticos y personas. Para ello el sistema de ventilación actúa precalentando el aire limpio de entrada antes de expulsar el aire interior. Un sistema que genera importantes ahorros en los costes de climatización para el bolsillo del propietario y del planeta.