Blanco y negro para el Día del Diseño

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¿Te gusta el blanco y el negro pero no te atreves a incorporarlos a tu hogar por miedo a equivocarte? Hay quienes aman esta tendencia decorativa, pero también hay muchos detractores. Hay quienes piensan que este estilo es frío, oscuro e incluso monótono y, por eso, no les termina de convencer. Sin embargo, es muy fácil darle la vuelta y convertirlo en elegante y contemporáneo si se juega con las texturas, geometrías y tonalidades con acierto. En el Día Mundial del Diseño, proponemos ideas para decorar en blanco y negro con las que triunfar.

El significado de estos colores

El blanco es pureza, es la ausencia de oscuridad y es la claridad absoluta. En decoración se usa para transmitir, sobre todo, calma. El negro es lo contrario: es la ausencia de luz, es la oscuridad, pero también es la energía universal, la sobriedad y la sofisticación, y es uno de los colores con más fuerza que podemos encontrar. La combinación de ambos nos dará un hogar con mucha personalidad, con fuerte simbolismo y sin duda, un espacio con muchos contrastes, que bien planificados, darán lugar a un piso elegante y luminoso.

Una de las ventajas de decorar así es que se consiguen ambientes relajados y muy neutros, teniendo la oportunidad de incluir color –si se desea- en detalles o complementos.

Inspiración nórdica

Esta sinergia es perfecta para los amantes del cine clásico, ya que es un guiño clarísimo al séptimo arte, pero también podemos buscar inspiración en los hogares escandinavos, donde el minimalismo es su seña de identidad. Muchos pisos nórdicos optan por los tonos pastel, otros prefieren la gama de los grises y otra corriente decorativa que está tomando fuerza es la bicolor. Los nórdicos conocen bien cómo combinar estas tonalidades de forma magistral, jugando no solo con el blanco y negro, también con las texturas y los materiales para complementar los espacios. Solo ellos consiguen que un salón aparentemente frío recobre la calidez gracias a un suelo de madera, a cojines, alfombras y mantas estampadas, que rompen con la uniformidad, sin perder el estilo y la elegancia.

Cómo combinarlo en cada estancia de la casa

La clave para no equivocarse es medir el grado de intensidad de estos dos colores. Cuando se siente la tentación de probarlo pero uno se siente inseguro, es mejor hacerlo en pequeñas dosis: se puede empezar por un pequeño espacio de la casa. Por ejemplo, un rincón para la lectura o una zona para trabajar serían perfectos como iniciación, ya que además la combinación del blanco y el negro fomenta la concentración.

En el caso de estar seguros de apostar por este binomio, se puede elegir como base el blanco, con el que se consigue mucha luminosidad y añadir detalles en negro, para obtener sobriedad.

En el baño, los amantes de las líneas rectas podrán jugar con las geometrías (por ejemplo, en los azulejos del suelo), combinarlas con cerámicas blancas y muebles de madera lacada. Para aumentar o reducir la intensidad, se puede elegir una encimera de uno u otro color, aunque también se puede dar mayor protagonismo a la zona de ducha si se opta por una bañera exenta de color negro. Todas las miradas irán directamente a ella.

Se pueden componer cocinas con estos colores, introduciéndolos en mobiliario, azulejos y suelo, pero también en encimeras. El resultado será una cocina de lo más cosmopolita, pudiendo jugar también con el acero inoxidable en los electrodomésticos.

El salón será la estancia principal y posiblemente el rincón de la casa que más posibilidades ofrezca. Los elementos estructurales serán clave: columnas, puertas o la propia carpintería en negro. También se puede equilibrar esa fuerza con suelos laminados en blanco, mobiliario y paredes. Así, se obtendrá un salón muy actual, al más puro estilo neoyorquino.

Los dormitorios en los que predominan estos colores pueden resultar muy interesantes y siempre se puede jugar con las texturas: cojines, alfombras y edredones que ayuden a suavizar la estancia. También se pueden incluir elementos florales, fotografías o incluso alguna tonalidad complementaria, para conseguir una habitación irresistible.

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