75 años del gran incendio que cambió Santander

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El 15 de febrero de 1941 amaneció con un temporal que azotó Santander con vientos muy fuertes. Eso provocó que el pequeño incendio que se declaró en una vivienda del centro histórico se convirtiera en solo unas horas en una terrible tragedia que transformó la ciudad para siempre.

“Se perdieron iglesias, el Ateneo, palacios y centros oficiales –explica el médico e historiador cántabro Aurelio González de Riancho–. Cuando los santanderinos se levantaron el día 16 vivieron escenas dantescas, pensaron que su vida se había derrumbado y salvaron lo poco que pudieron. En el centro de la ciudad quedó una enorme explanada de 120.000 metros cuadrados de superficie. 10.000 personas se quedaron sin casa (el 10% de la población), miles sin trabajo y con la memoria resquebrajada”.

La mayor parte del patrimonio artístico quedó arrasado. En total ardieron 377 edificios. En aquella España de posguerra no había medios para la reconstrucción de inmuebles históricos como el Palacio Episcopal, la Audiencia Provincial, la Cámara de Comercio o las numerosas casas blasonadas. Por eso se decidió emprender una profunda modernización urbana.

Las excavadoras acabaron después con lo que no habían destruido las llamas. Así desapareció todo el entramado de callejas y pasajes, vestigio de la villa medieval, que daba personalidad a la ciudad y hablaba de su pasado.

Imagen de http://incendiosantander.com/

Imagen de http://incendiosantander.com/

Cambio de diseño y población

Se emprendió una expropiación general de los terrenos para parcelar y realizar un clásico trazado en cuadrícula que solo respetó los dos únicos edificios que sobrevivieron al incendio, la iglesia de la Compañía y la catedral. Esta última se alzaba sobre el cerro Somorrostro, que dominaba el puerto, y que fue aplanado para prolongar la calle de Isabel II y la de Lealtad hasta el mar. De esa forma se enterró la Rúa Mayor, arteria principal del Santander histórico y comercial.

“El diseño urbano siguió lo que estaba de moda en aquel momento. Una ciudad concéntrica con grandes avenidas comerciales en favor del tráfico rodado, aunque fomentando el transporte público, con el trazado del tranvía”, explica la arquitecta Carmen Valtierra, experta en urbanismo.

Toda esa transformación afectó tanto al diseño como al tejido social. La zona quemada acogía barriadas populares y modestos comercios familiares. En los 400 solares que quedaron libres tras la reordenación de la zona, se levantaron 90 nuevos edificios con alrededor de 2.000 viviendas de rentas altas.

Para las víctimas se construyeron 1.200 viviendas en nuevos barrios de las afueras, como Canda Landáburu, Campogiro o Pedro Velarde, lo que fomentó el crecimiento hacia el exterior, pero de una forma irregular porque no se controló el estilo, ni los materiales empleados y las alturas de los edificios.

El ayuntamiento de Santander está conmemorando los 75 años del incendio con varias exposiciones y ha preparado una ruta turística por el centro, con puntos de información que muestran imágenes y datos de la enorme transformación que vivió la ciudad.

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