El Bierzo: una comarca para comérsela

Equipo de Redaccion

La provincia de León presume de una gran diversidad paisajística y natural y de una extraordinaria riqueza histórico-artística pero, dado lo anterior por sentado, el inminente visitante se suele sorprender también con la siguiente afirmación: ‘En León se come muy bien’. Por suerte, en esta ocasión las expectativas suelen verse satisfechas, más aún si el forastero visita la comarca del Bierzo, situada al noroeste de la provincia. Sería prácticamente delito perdonar la visita a las Médulas o a los Ancares, al castillo de Ponferrada o a la colegiata de Santa María, también debería estar penado por ley no aprovechar la oportunidad de disfrutar de la gastronomía de la zona. Para salir absueltos, proponemos tres tradiciones a las que sumarse para conocer esta comarca leonesa de la mano de su oferta gastronómica:

 

Homenaje anual al Botillo

Cualquier momento del año es bueno para acercarse al Bierzo pero, si puede elegir, intente cuadrar su visita con el festival anual de Exaltación del Botillo. El centro neurálgico de la fiesta es el municipio de Bembibre, a 19 km. de Ponferrada, y la fecha de celebración baila en el calendario, ya que se establece en función de la Semana Santa (en 2017 será el 18 de febrero). La cita ha sido declarada Festival de Interés Turístico Nacional y tiene solera, ya que alcanza su edición número 45.

Este embutido que, si bien disputa su hegemonía a nivel provincial con la morcilla de cebolla y la cecina, reina sin discusión en la comarca. ¿Qué hace tan especial al botillo para ser merecedor de homenaje, año tras año, durante casi medio siglo? Hay tantas recetas como hogares, pero en todas se utilizan distintos cortes del cerdo que se adoban con pimentón, sal, ajo y especias antes de embutir la carne en una tripa gruesa. Después se ahúma, con leña de roble o encina, y el aire frío de las montañas leonesas remata la magia.

Antes de llegar a la mesa, el botillo se cuece a fuego lento durante un par de horas y se sirve tradicionalmente acompañado de patatas y verduras; un plato contundente para afrontar los rigores del invierno. Pero durante el festival, las opciones se multiplican exponencialmente: los distintos establecimientos de Bembibre se exprimen el cerebro para encontrar la manera más original de incorporarlo a su oferta de tapeo. Acabando, incluso, por ser materia prima de elaboraciones pasteleras y hasta como ingrediente de Telepizza.

Quien visite la feria podrá disfrutar también de conciertos y otros actos culturales, participar en una gran cena-botillada popular y degustar otros muchos productos de la zona, como las mieles, los quesos, los vinos o las castañas. Un aviso, hay que sacar entrada con antelación y en las últimas ediciones volaron en cuestión de horas.

 

A castañazos para recibir el invierno

Precisamente, las castañas son las protagonistas de una de las tradiciones populares más sencillas y entrañables de la península; el Magosto. El Bierzo, rico en castaños -algunos de ellos cuentan su edad por siglos y, por tanto, están protegidos-, se apunta a la tradición inmemorial que se repite en otros puntos del norte de España de recibir el invierno comiendo castañas asadas. En alguno de los primeros días del mes de noviembre, todos y cada uno de los pueblos se apuntan al ritual de la castaña y el fuego: los vecinos se juntan en la plaza, al pie de la iglesia, en el monte o en la antigua escuela, y en la celebración no falta una copa de vino nuevo, un poco de chorizo… Y no hace falta más.

 

Sentarse a la mesa en una palloza

Como salidas de un cuento, las pallozas, una de las construcciones de la arquitectura popular española que mejor se integra en el entorno, salpican aquí y allá la comarca del Bierzo y la sierra de Los Ancares. Muchas de estas míticas construcciones prerromanas de paredes de piedra circulares y puntiagudos techos de paja se han echado a perder a cuenta del desuso pero, por suerte, otras tantas se han rehabilitado y alguna de ellas se han transformado en restaurantes en los que el encanto del entorno se suma al buen yantar (y a las cantidades abundantes). Las pallozas de Carracedelo o las de Balboa son algunas de las más populares.

 

 

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