Utrera: mucho arte… hasta en la piedras

MaloRegularBuenoMuy BuenoExcelente (Valóralo)

Media hora andando. Basta eso para echar una mirada rápida al centro de Utrera. Pero hagámoslo con método. Por ejemplo, cojamos el mapa y pintemos un recorrido que vaya de plaza en plaza… Y hay muchas. Muchas. Ningún utrerano sabe explicar por qué, pero aquí una plaza floreada y luminosa gusta tanto como una buena voz que se arranque por soleá.

Plaza del Bacalao, plaza de Santa Ana, plaza de la Virgen de la Cabeza, plaza de Ximénez Sandoval… 30 minutos de paseo hasta plantarte en la plaza del Altozano, al lado del ayuntamiento de esta localidad sevillana (la capital está a 15 a dos pasos en coche). Completada la primera impresión, es hora de tomarse un fino en alguna de las tabernas que respiran flamenco para repasar lo visto y entrar en harina.

Y surge la pregunta habitual en cualquier visitante: ¿cómo es posible que en tan poco espacio haya tanto que ver? He tomado nota de las casas-palacio, las principales iglesias y capillas (no da tiempo a visitarlas todas), el puente, los restos de la muralla, el castillo… Solo acabo de empezar y ya entiendo por qué este conjunto histórico-artístico, con 900 años a sus espaldas, ha sido declarado Bien de Interés Cultural.

“Para saber lo que es Utrera hay que empezar como lo hemos hecho todos los nacidos aquí, bautizándose. Primero en la iglesia de Santa María de la Mesa, nuestro mayor monumento, y luego en Santiago el Mayor. Cada una más bonita y grandiosa”, sugiere quien me ha servido el fino. Y así es, un espectáculo gótico con olor a incienso y a azahar.

Muy cerca de Santiago el Mayor aparece, imponente, la torre del castillo que, como casi todo por aquí, es Bien de Interés Cultural. Algún guasón dice que está ahí para resaltar la Peña Bética de Utrera, justo a los pies, en la que ondea la bandera verdiblanca sobre una fachada de cal que, como la de la mayoría de las casas, pinta de blanco el corazón de la ciudad.

Casas modestas… y casas imponentes. Empieza la cuenta: el Palacio de los Marqueses de Tous, ahora Casa de la Cultura; el Palacio de Vistahermosa, convertido hace años en el ayuntamiento; el tronío añejo de la Casa Surga, el Palacio de la Cuadra… ¡Incluso la Casa Cuartel de la Guardia Civil es un monumento! (nada menos que del siglo XVI).

Ya no miro el mapa. Pregunto directamente por el Pasaje del Niño Perdido, en la antigua judería. Un pequeño laberinto de calles con arcos y balcones voladizos pintados de albero donde te falta algo si no se escucha el sonido de una guitarra. Un lugar con embrujo… y buen gusto, porque aquí está el Besana, las mejores tapas de Utrera.

“Tenemos arte pa burrir –dice muy serio uno de los clientes que está degustando un ravioli de sepia relleno de pringá–. El arte del flamenco (esta es su cuna), el arte del toro (estamos rodeados de ganaderías), el de los hermanos Álvarez Quintero, hijos de esta tierra… Tenemos arte hasta en las piedras”.

Debe ser el sello de Andalucía: hacer de lo monumental un símbolo de pasión, vida y música. Por eso decir que Utrera es Bien de Interés Cultural es decir poco, porque esta localidad es arte para comer, beber y bailar. Como dirían los costarricenses, “pura vida”.

Imagen destacada @Diego Neyra, distribuida con licencia Creative Commons By-2.0

Imagen “flamenco”@Malojavio El Saucejo, distribuida con licencia Creative Commons By-2.0

Etiquetas