Transformación sostenible: ¿cambiará tras el coronavirus la arquitectura de nuestras ciudades?

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La historia nos dice que salud y arquitectura van de la mano. Las diferentes pandemias y enfermedades de los últimos siglos lograron que las ciudades se modernizaran y las viviendas se reinventaran, poniendo en el centro la salud de las personas. Sería lógico pensar que la pandemia del COVID-19 también va a provocar un cambio en el modelo arquitectónico que podríagirar hacia la transformación sostenible.

Los primeros cambios ya se han dado, como consecuencia de las medidas dictadas ante la alerta sanitaria del coronavirus, donde conceptos como la distancia social, el teletrabajo o el confinamiento en nuestro hogar han ido dando forma a una ciudad distinta a la que conocemos, cambiando también la forma en la que nos relacionamos con ella. ¿Cuáles serán, entonces, las claves para la transformación sostenible en las ciudades?

Cómo será la ciudad post coronavirus

Las primeras modificaciones no se han hecho esperar. Entradas y salidas diferenciadas en los comercios, mamparas de cristal en los edificios de atención al público, marcas de posicionamiento en el suelo, butacas más espaciadas en lugares públicos… Son los primeros indicios de que algo está cambiando.

Podría ocurrir que tras la pandemia la sociedad priorice el vehículo privado por miedo a los contagios en el transporte público. Por ello, es el momento perfecto para impulsar el auge del transporte sostenible, como la bicicleta, especialmente teniendo en cuenta que ya antes de la pandemia se había comenzado a consolidar el concepto de espacios de bajas emisiones dentro de las ciudades. Para poder lograrlo las Administraciones deberían invertir en vías ciclables, que podrían convivir con espacios ganados para el peatón en detrimento de los vehículos privados.

El objetivo sería conseguir el concepto de ciudad en proximidad o “ciudad en 15 minutos”, donde los ciudadanos pudieran tener próximos a su domicilio todo lo que necesitan para su trabajo, compras y ocio. En este sentido, uno de los conceptos que podrían imponerse es el de una gran metrópoli fraccionada, con unidades independientes conectadas. Estas piezas podrían actuar de manera autónoma, de modo que se podrían cerrar si fuera necesario un confinamiento de la población, sin que interfirieran con el resto.  

La opción de las viviendas modulares o híbridas

Las pandemias del pasado cambiaron también la forma de estructurar las viviendas. Con el objetivo puesto en lograr espacios de convivencia más higiénicos se aumentó el tamaño de las casas y comenzaron a demandarse viviendas con una mejor ventilación y orientación sur, para recibir más luz de sol.

Con la pandemia del COVID-19 y el confinamiento de la población también se ha puesto el foco en las viviendas, un escenario en el cual la población ha tenido que convivir, pero también teletrabajar. Teniendo en cuenta la posibilidad de que se repitan posteriores pandemias, podrían buscarse viviendas modulares e híbridas, con separaciones móviles en función de las necesidades del momento. Sería muy bien valorado tener un mayor contacto con la naturaleza y la presencia de ventanas contrapuestas para establecer corrientes de aire que permitieran ventilar las estancias en un breve espacio de tiempo.

En este sentido, el patio y el jardín podrían ganar terreno, e incluso los balcones podrían tender a hacerse algo mayores, robándole algunos metros cuadrados del salón. Las urbanizaciones cerradas, a media altura, con viviendas con grandes balcones pueden convertirse en un objetivo de la población a medio plazo.

Oficinas y espacios públicos

El diseño de edificios públicos y de oficinas es probable que también tenga que adaptarse a un mundo que ya no es el que conocíamos. El concepto de oficinas abiertas podría sufrir modificaciones por miedo al contagio, dando paso a cámaras de trabajo con una mayor conectividad

Los lugares comunes de los edificios públicos, según las previsiones, tenderán a expandirse, para evitar las aglomeraciones. Y veremos un aumento de los automatismos, con puertas que se abren automáticamente, ascensores que funcionan con la voz, entradas a estancias accionadas mediante el teléfono móvil personal o interruptores libres de contacto.

En cuanto al diseño, las superficies dejarán de ser planas siempre que sea posible, para evitar contagios por contacto. Y se priorizará el uso de materiales o acabados antibacterianos o autolimpiables.

Las habitaciones de los hospitales tendrán mayor flexibilidad, para poder convertirse fácilmente en una UCI o acoger a más pacientes si fuera necesario. Y en hoteles, teatros, colegios, aeropuertos, gimnasios, cines o restaurantes se contará con lugares más espaciados, teniendo en cuenta que será una demanda de la sociedad.

Si persiste el miedo de la población a los contagios en las ciudades se priorizarán las zonas verdes y el comercio de cercanía, mientras que los grandes centros comerciales es posible que, si se producen rebrotes u otras crisis sanitarias, queden reconvertidos en almacenes logísticos, por la preferencia de la población hacia el comercio electrónico.

En conclusión, las pandemias han moldeado las ciudades y el COVID-19, probablemente, no va a ser una excepción. La transformación sostenible puede ser la solución a los cambios de hábitos producidos por ésta y otras posibles alertas sanitarias.

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