El “surfing” que se hace en tierra subido a un sofá

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Hace mucho pero muuucho tiempo que, salvo contadas excepciones, dejamos de ser nómadas. Ahora todos queremos tener “un hogar”. Es más, nos gusta. Esas cuatro paredes en las que acumular nuestras cosas, nuestro remanso de paz al que volver después de un largo día de trabajo, nuestro reino… Un espacio en el que no hace falta aparentar y en el que está permitido mojar un sándwich con mayonesa y chorizo en café con leche o andar todo el día con ese desgastado pijama lleno de agujeros que tanto te gusta.  Tu hogar, ese espacio sin normas, o mejor dicho… con tus normas.

Y es que, cuando uno sale de casa a “conocer mundo” no importa que puedas permitirte dormir en las habitaciones mejor equipadas de toda la historia hostelera o que el personal sea encantador. Nada es igual que “estar en casa”.

Couchsurfing

Cartel de bienvenida en Penang (Malasia)

Pero,  ¿y si la próxima vez que abandonaras temporalmente tu hogar pudieras entrar a formar parte de la vida de otras personas? Personas que tienen todo o nada que ver contigo, de cualquier edad, sexo, religión, cultura… ¿Y si pudieras vivir con un maestro de té chino, con un profesor de universidad musulmán fanático de los culebrones mejicanos, con una familia indonesia con 5 hijos adoptados, o en el apartamento inteligente de una joven promesa de la arquitectura de Shanghai?

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Jin de Shanghai (China)

Couchsurfing: dícese del arte de ser acogido por un anfitrión o de acoger a un viajero por unos días para darle “techo gratis” y enseñarle esos sitios estrella que sólo conocen las personas del lugar: el bar donde tiran las mejores cañas, tu churrería favorita, una fiesta de barrio… Esas pequeñas grandes cosas que ninguna guía te cuenta y que hacen que un viajero se sienta menos de paso.

Sí,  en contra de lo que podamos pensar, estas cosas existen de verdad. Esto del couchsurfing funciona y lo lleva haciendo desde 2004. Vamos, que no vas a ser el primero en inaugurar esta práctica que en marzo de 2013 ya contaba con 6 millones de miembros  en más de 100.000 ciudades de todo el mundo. Y es que el planeta está plagado de “buena gente” con ganas de compartir y de eliminar fronteras mentales. Este es un claro ejemplo de ello.

Gracias al couchsurfing te pueden pasar cosas tan únicas como disfrutar de la vista de Beijing desde la azotea de un edificio con una cerveza en la mano, compartir una paella a las 3 de la mañana en una tienda de reparación de ordenadores, grabar un Harlem Shake en una barbacoa llena de gente que 10 horas antes no conocías, ayudar a vender bebidas a un grupo de adolescentes para recaudar fondos en Indonesia, darle clase de inglés a niños chinos de 10 años, asistir a un festival de cine independiente en Yangón… ¡La lista es interminable!

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Casa de Dio y Bella en Yakarta (Indonesia)

Compartiendo vidas aprenderás a quitarte los zapatos antes de entrar en casa, a ducharte “a cubazos”, o a aparcar la moto en el salón por las noches. Aprenderás a ver un país a través de los ojos de las personas que viven en él. Y lo mejor de todo: tendrás un hogar. Unas veces más grande, otras más pequeño, con más prestaciones… con menos, pero casi siempre con mucho cariño. En tu vida entrarán personas que conseguirán que pruebes ese plato local que “no tenía muy buena pinta”, y tú, les darás las gracias preparándoles algo parecido a una tortilla de patatas o una paella llena de buenas intenciones.

 

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Cena española para nuestro anfitrión en iPoh (Malasia)

Si todavía no terminas de tener ganas de practicar esto del “surfing de tierra” y vivir en casa de alguien para algo más que ahorrarte el alojamiento, puedes empezar por abrirle las puertas de tu hogar a otros viajeros. Una forma de conocer otros mundos sin salir de casa o incluso de hacer turismo en tu propia ciudad. Eso sí, antes de empezar con ello te recomendamos encarecidamente que leas con detenimiento “el prospecto”:

Advertencias:

  • Actividad altamente adictiva.
  • Consulte con los miembros de su familia, compañeros de piso u otras personas que pudieran verse afectadas antes de ponerla en práctica.

Posología:

  • Rellenar tu perfil.
  • Invitar a alguien o pedir alojamiento.
  • Compartir costumbres, comida, música, ideas…

Efectos secundarios:

  • Aumenta la capacidad de comprensión del prójimo.
  • Elimina prejuicios y acerca culturas.

Otras redes sociales de hospitalidad:

 

 

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