Smartcity Málaga: el mayor experimento europeo para lograr un consumo eficiente de energía

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En 2007 la Unión Europea puso en marcha una iniciativa conocida como ’20-20-20’: aumentar en un 20% la eficiencia energética de los países miembros, incrementar un 20% la producción de energías renovables y disminuir el 20% de la emisión de gases contaminantes. Los tres objetivos se deben cumplir en 2020.

Este hecho es el origen de Smartcity Málaga, un proyecto liderado por Endesa y la compañía italiana Enel, que idearon una ciudad energéticamente inteligente donde se cumplieran mucho antes las propuestas del ’20-20-20’.

El experimento se puso en marcha hace cinco años en un área que abarca cuatro kilómetros cuadrados en la zona de la playa de la Misericordia, el corazón de la capital de la Costa del Sol. Allí se ubican 11.000 clientes domésticos de Endesa más otros 1.200 industriales y empresas de servicios.

Resumía las cifras del proyecto Susana Carillo, responsable de Smarcity Málaga, resumió las cifras de esta iniciativa al presentar las conclusiones de este gigantesco banco de pruebas: “Se trata del proyecto de smartcity relacionado con la electricidad más importante de Europa; en el tiempo que lleva en funcionamiento ha logrado (para los 12.200 clientes) un ahorro energético de más del 25% y una reducción de emisiones de CO2 del 20% . Esto supone 4.500 toneladas menos de emisiones cada año”.

¿Cómo lo han logrado?

Los objetivos se han cumplido básicamente con innovaciones técnicas, racionalización del consumo y la implementación de fuentes de energía limpia. Estas han sido algunas de las actuaciones:

  • Implantación de contadores digitales. En Málaga se instalaron los primeros contadores inteligentes de España. Éstos, según la nueva normativa, deberán sustituir a los actuales analógicos en 2018. Permiten la medición en tiempo real, de tal manera que el cliente puede gestionar sus consumos, visualizar los datos por Internet y recibir aviso en caso de desconexión de la red.
  • Cambiar los hábitos del consumidor. Como el usuario conoce su curva de consumo diaria (gracias a los contadores), intenta reducir el gasto en las horas-pico. Por ejemplo, apagando lámparas y aparatos que no se utilizan, eliminando el stand-by de algunos dispositivos o contratando una tarifa de discriminación horaria.
  • Se han impulsado mejoras por parte de los propios usuarios, como la utilización de bombillas de bajo consumo y la compra de electrodomésticos de máxima eficiencia energética (tipo A).
  • Reformas técnicas para obtener la eficiencia energética en edificios públicos (hospitales, colegios…) y privados.
  • Gestión eficiente del alumbrado público. Se sustituyeron 200 puntos de luz por lámparas LED. Sólo con eso se obtuvo un ahorro del 65% en el alumbrado público.
  • Automatización de los sistemas de control de la red eléctrica. Se reduce el tiempo de desconexión ante una avería y se optimiza el uso de todo el sistema. En la smartcity malagueña está formado por 40 kilómetros de circuitos inteligentes.
  • Gestión de baterías e instalación de almacenamiento en los generadores.
  • Instalación, gestión y control de generadores de energías alternativas (fotovoltaica, minieólica, trigeneración, biogas, célula de hidrógeno, CHP o cogeneración…) Así se han creado patrones de consumo que van a permitir mejorar la planificación y el uso de las energías alternativas.
  • La red inteligente también permite aprovechar los excedentes de producción eléctrica de otros suministradores, obteniendo así energía a un precio de mercado más reducido.

Smartcity Málaga ha costado 31 millones de euros procedentes de fondos europeos y de las propias compañías que lo han desarrollado. Y la inversión se ha justificado, ya que se han obtenido enseñanzas muy valiosas para lograr la generalización de muchos de estos sistemas de ahorro energético.

El proyecto continúa ahora dentro de los presupuestos de I+D de Enel. Además, se han puesto en marcha otras smartcities en Barcelona, Sevilla, Búzios (Brasil) y Santiago de Chile para seguir avanzando en los objetivos de lograr consumos más eficientes y limpios. Aunque, la experiencia más ambiciosa se está realizando en la isla de El Hierro, donde se pretende conseguir que sea un espacio sin ninguna emisión de gases contaminantes.

Foto @ simononly, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0 

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