Introducción a un diseño de interiores más humano: Ilse Crawford

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“Pasamos el 87% de nuestras vidas en edificios”, comenta la Ilse Crawford. “Cómo están diseñados afecta muchísimo a cómo nos sentimos y cómo nos comportamos”. Ésta es la frase con la que da comienzo el capítulo que la serie documental Abstract (Netflix) le dedica a la diseñadora británica como una de las creativas más influyentes de nuestro tiempo. Y es, además, un buen resumen de su filosofía. Mientras que, al comienzo del milenio, las corrientes dominantes se preocupaban de que los espacios cumpliesen con su función o, simplemente, fuesen bonitos, Ilse Crawford asentaba su carrera en la preocupación sobre cómo influían en el estado anímico y en las acciones de quienes los habitaban.

Un ejemplo sencillo, pero elocuente: la elección o el diseño de una mesa, la posición y la distancia a la que se disponen las sillas y, por ende, las personas que se sientan en torno a ella, tiene un impacto directo en la aptitud y comportamiento de todas ellas. El mismo grupo de personas no interactúa de igual manera sentados en una larga mesa de reuniones que compartiendo una mesa comunal de una moderna cafetería.

Con el paso del tiempo, esta visión ha supuesto un cambio de paradigma en el diseño de interiores. Preocuparse de que un espacio nos haga sentir mejor (e, incluso, ser mejores) ya no es algo tan revolucionario, pero sí lo fue en su momento.

Principales hitos de la diseñadora

  • Sensual Home (1997). Su primer libro está dedicado a la manera de experimentar los hogares no sólo con la vista, sino con los cinco sentidos. Mucho antes de que la filosofía hygge se popularizase, Crawford, que anteriormente había participado en el lanzamiento de revista Elle Decoration como editora, reflexionaba sobre cómo conseguir una atmósfera no sólo estéticamente placentera, sino también energizante y reconfortante.
  • Babington House (1998). Su primer proyecto llegó un año después y consistió en diseñar los interiores de un hotel de lujo rural. Lejos de seguir una línea tradicional sobre lo que cabría esperar de un establecimiento de este tipo, Ilse Crawford huyó de la ostentación y apostó por construir un espacio muy informal, con el que los huéspedes pudieran interactuar cómodamente y sentirse “como en casa”.
  • Soho House New York (2003). La segunda propuesta fue la de encargarse del diseño, tan divertido como acogedor, de la sucursal neoyorkina del famoso hotel-club londinense, lo que le situó en boca de todos en la ciudad que nunca duerme.

Otras obras de la diseñadora

  • Aseop (2008). El diseño de la flagship de esta marca australiana de cosméticos, con la colocación de un gran lavabo en el centro de la tienda, resultó una manera muy efectiva de centrar la experiencia de los visitantes en las rutinas de cuidado, más que en el producto en sí mismo.
  • Colección en colaboración con Ikea (2015). El lanzamiento de una línea de 30 productos diseñados para Ikea (algunos, como la lámpara Sinnerlig, continúan disponibles en catálogo) supuso el gran reto de trasladar el diseño humano a la gran escala. Para conseguir utensilios y muebles económicos, Ilse Crawford se sirvió de materiales como corcho, cristal cerámica o bambú.  
  • Creación del departamento Man and Well-Being en la Academia del Diseño de Eindhoven, fundado hace 21 años para transmitir a los jóvenes estudiantes su visión sobre la humanidad y la búsqueda del bienestar a las que responde su visión del diseño de interiores. Según sus propias palabras, se trata de hacer que las nuevas gestiones se pregunten “por qué y cómo su trabajo mejora la realidad de la vida”.

La lista, por supuesto, no acaba aquí: otros dos libros, un puñado de hoteles y restaurantes, espacios públicos, residencias privadas y varias líneas de productos son muestra de cómo poner las necesidades y los deseos humanos en el eje de un proyecto de diseño de interiores. Ya no hay que preocuparse, únicamente, de agradar a la vista: cautivar a los cinco sentidos es el objetivo.  

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