Gas radón: cómo saber si afecta a mi vivienda

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El gas radón se produce de forma natural, pero no por ello está exento de peligros. Se trata de un elemento químico gaseoso, representado con el símbolo Rn en la tabla periódica y perteneciente al grupo de los gases nobles. El gas se produce por la desintegración de otro elemento, el radio, que a su vez se forma cuando se desintegra el uranio, que forma parte de suelos y rocas. Aunque no es la única fuente de radiación natural a la que se expone el ser humano, se cree que el radón es la mayor, representando más de la mitad del total.

La presencia prácticamente constante de uranio en mayor o menor medida en todos los suelos hace, consecuentemente, que el gas radón esté en todas partes, en mayor o menor medida. En el aire libre, el radón no presenta ningún peligro ya que su concentración es baja y se disuelve rápidamente en la atmósfera. El problema surge cuando se acumula en espacios cerrados, como las viviendas.

Para que el radón tenga efectos perjudiciales sobre la salud, es necesario que se de una exposición prolongada al gas, generalmente durante años. En esto casos, el radón llega a los pulmones por inhalación y aumenta las posibilidades de desarrollar un cáncer de pulmón, tanto en fumadores como en no fumadores.

¿Cómo se acumula el gas radón en las casas?

Por su naturaleza gaseosa, el radón se mueve con mucha facilidad. Al interior de las casas llega desde el suelo, donde se produce, colándose por tuberías, grietas, desagües… La composición del suelo influye directamente en la potencial presencia de gas radón, presentando más riesgo los suelos más porosos (gravas, arenas, granito…) en oposición a los suelos menos permeables, como los arcillosos.

En la página web del Consejo General Nuclear se puede encontrar un mapa en el que consultar la potencial presencia de radón por zona geográfica según la capacidad del terreno para generar y transportar el radón y las características generales de construcción del parque residencial. Según este mapa, el mayor potencial de concentración de radón en España se da en el oeste de la península Ibérica, donde el 70% de la superficie de la comunidad de Galicia presenta potencial de acumular gas, seguida de Extremadura (47%) y Madrid (36%).

Si atendemos al interior de la vivienda, son los sótanos y los bajos las plantas en las que mayor acumulación se suele encontrar, aunque no se puede descartar su presencia en otras partes de la casa.

¿Qué dice la ley sobre el gas radón?

Aunque existe una directiva comunitaria desde el año 2013 sobre la protección contra los peligros derivados de la exposición a radiaciones ionizantes, España no ha adaptado su legislación para adaptarse a ella hasta diciembre del pasado 2019.

En ese mes, se ha publicado el nuevo Código Técnico de Edificación, que incluye una normativa básica de salubridad que establece una serie de normas para prevenir la penetración de obligado complimiento en la construcción de nuevos edificios, así como el establecimiento de responsabilidades para el constructor de generarse niveles de radón por encima de lo permitido a posteriori, una vez la casa esté cerrada (el límite en España es de 300 Bq/m3 aunque la recomendación de la OMS es que no se supere el nivel de los 100 Bq/m3).

¿Cómo me puedo proteger?

Las medidas de protección ante el gas radón son de dos tipos: por un lado, las que se toman en el momento de la construcción; y, por otro, las que se toman a posteriori.

Entre las primeras, las medidas preventivas para evitar la entrada desde el gas radón pasan por el establecimiento de membranas anti-radón, sellado de superficies, establecimiento de sistemas de ventilación del forjado o sistemas de despresurización.

Si el edificio ya está construido y, sobre todo, se encuentra en una zona de riesgo, lo recomendable es realizar una medición acreditada, preferiblemente durante los meses de invierno (en el mercado se pueden adquirir monitores para colocarlos en la vivienda o bien contratar a un técnico especializado para tal fin). De resultar positiva, las medidas a tomar se adaptarán a la construcción edificio en cuestión, valorando si es más efectiva una despresurización del terreno, la colocación de membranas o láminas o una combinación de las anteriores. De ser necesario tomar medidas, el Plan Nacional de Viviendas incluye ayudas para la rehabilitación de viviendas afectadas por el gas radón.

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