El Camino de Santiago, pedalada a pedalada

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De León a Santiago de Compostela hay unos 310 kilómetros que se pueden hacer de muchas maneras. A pie te puede llevar unos 10-15 días, depende el ritmo que lleves, pero si no tienes tantos días y quieres disfrutar del Camino de Santiago en toda su esencia puedes coger tu bicicleta y recorrer los caminos de los peregrinos un poco más rápido, pero no sin esfuerzo.

“Buenos días, peregrino”. Nada más montarte en la bicicleta en León, un grupo de caminantes te indica cuál es el saludo más común del Camino de Santiago. El buen ambiente se vive desde primeras horas en la ciudad que acoge una de las catedrales góticas más bonitas de Europa, el recomendable MUSAC y ese Barrio Húmedo en el que se suelen complicar las noches. Desde luego, antes de empezar el peregrinaje, merece la pena estar un par de días en León para conocer sus encantos a fondo.

Para llegar a León con las bicicletas desde cualquier punto de España la mejor opción es el autobús. Empresas como Alsa te acercan a la capital castellana con tu bicicleta en el maletero con un suplemento de unos 5-10 euros,  y así nunca te separas de la que será tu fiel compañera en los próximos días.

Nuestra primera etapa se puede decir que es de toma de contacto: León-Astorga. Unos 50 kilómetros por delante que se hacen en unas cinco horas de baja dificultad, con un perfil prácticamente llano. Para los equipajes, la mejor opción es confiar en los llamados “sherpas” del Camino: pequeñas empresas que se dedican a recoger los equipajes de albergue en albergue (también en los hoteles) y que hacen un poco más llevadero este precioso recorrido. Hasta Correos ha lanzado el PAQ Mochila para ponérselo fácil a los peregrinos.

Astorga es una ciudad llena de encantos. Importante centro en la época romana en el norte de España, hoy es la capital de la región de Maragatería… así que toca comer su rico cocido (enlace a post de los platos gastronómicos que subiremos el 26/08), que además te dará fuerzas suficientes para el próximo reto: comienzas las montañas.

De Astorga a Villafranca del Bierzo hay 79 kilómetros y la cosa se pone seria. Hacerte una foto en la Cruz de Ferro te va a hacer sudar, pero va a merecer la pena. Los paisajes son totalmente admirables, con parada opcional en Ponferrada para tomar el almuerzo con un buen vino del Bierzo. Villafranca es un pueblo perfecto para hacer noche por su larga tradición compostelana y el frescor del río Burbia, donde podrás darte un remojón después de la exigente etapa.

El siguiente destino está en Portomarín, a 85 kilómetros y seguramente el día más duro. El paso de O’Cebreiro es el más temido por los cicloturistas pero, pedalada a pedalada, todo es posible. Si ves que se pone muy cuesta arriba, seguro que encuentras un taxi que te acerca a Portomarín. Cuidado con el aguardiente de la localidad luguesa, ¡causa estragos!

De Portomarín a Arzúa apenas tenemos 51 kilómetros pero merece la pena hacer parada para disfrutar de uno de los encantos principales del Camino: los peregrinos. Aquí confluyen el camino francés y el camino del norte, por lo que el ambiente es óptimo y las anécdotas se suceden horas antes de echarse a dormir. Queda la gran etapa final.

Porque el Camino es duro pero llegar con tu bicicleta a la Plaza del Obradoiro quita todos los dolores. No te confíes con los 40 últimos kilómetros porque son para campeones: tendrás que subir al Monte do Gozo para ver la mejor vista de la ciudad de Santiago de Compostela. No se te olvide visitar al Santo y acudir a la Oficina del Peregrino donde se puede obtener la “Compostela” que acredita todos tus esfuerzos. Para recargar las pilas, nada mejor que alojarte en  A Quinta da Auga, un hotel con spa a orillas del río Sar, lleno de encanto.

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