Comprar un pueblo o cómo hacerse con un reino en la tierra

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Se vende impresionante poblado-aldea en Cuenca. Dispone de edificios, iglesia, finca… por 590.000 euros”. O quizá le interese un pueblo abandonado en Burgos con 75 casas por 425.000 euros. Y si sus preferencias pasan por Galicia, prepárese a buscar la mejor opción de entre las casi 40 propuestas existentes hoy. Quizá nunca lo haya valorado, es posible que ni siquiera supiera de esta posibilidad, pero puede vivir en una aldea de su propiedad: explicamos cómo comprar un pueblo.

Un mercado que conoce muy bien Elvira Fafián, fundadora de Aldeas Abandonadas. Esta empresa inmobiliaria se especializó hace ya casi 15 años en la venta de este tipo de inmuebles que selecciona cuidosamente por toda España acompañando a sus clientes en una decisión compleja y valiente como es la de iniciar un negocio rural: “Queremos llamar la atención sobre las posibilidades de la vida en el campo, porque aquí se puede vivir muy bien”, afirma.

¿Dónde puedes comprar un pueblo?

Esta idea de recuperar la España vacía, asegura Fafián es el principal motor de esta iniciativa que lleva a su propietaria a viajar por toda la Península para mediar en estas compraventas. Curiosear sobre su oferta actual puede llevar a las Islas Canarias, un complejo rural en Granada o un cortijo en Almería, pero la mayoría de estas aldeas y pueblos abandonados se ofrecen en Galicia, Asturias y Aragón, y provincias como las de Soria, Burgos, León, Lleida e incluso Tarragona, Jaén o Huelva.

El origen de estas propiedades es variopinto. Al margen de las grandes propiedades ligadas a apellidos durante generaciones, lo más habitual es que durante la despoblación de décadas sufrida por el municipio una o dos familias residentes fueran adquiriendo todas las viviendas desocupadas. Pero hoy sus herederos no sienten la vinculación con esas tierras que tuvieron sus ancestros, por lo que deciden ponerlas a la venta.

Quién compra un pueblo y para qué

Fafián afirma que son los extranjeros los que mayoritariamente adquieren estos pueblos, si bien cada vez hay más españoles interesados: En la actualidad estima en una proporción de 80% foráneos por cada 20% nacionales, “pero durante los años de la crisis este porcentaje pudo superar el 95%”, recuerda.

Muchos de los extranjeros compran un pueblo con el objetivo de que sea su plácido reino para los años de jubilación. Entre los españoles destaca el goteo de profesionales para los que las nuevas tecnologías han desatado los lazos que les mantenían en la ciudad por razones laborales. Son arquitectos, periodistas, consultores que quieren ganar calidad de vida viviendo en el campo porque solo necesitan desplazarse puntualmente a la ciudad por trabajo.

Pero las motivaciones son más variadas. De hecho Fafián está convencida de que cada vez más personas que ven en el campo una salida laboral. Son los llamados neorurales que compran un pueblo con la intención de establecerse de forma definitiva en la zona regentando una empresa agrícola que explotan ellos solos, por medio de cooperativas o socios capitalistas: “Hace unos años lo más habitual era para negocios de turismo rural pero ahora hay quien monta explotaciones ganaderas, de cultivos ecológicos o del arbolado”.

Antes de invertir, informarse

En todos los casos, pero especialmente cuando la decisión está ligada a unos planes económicos Fafián ofrece su asesoramiento. “Antes de la compra hay que asegurarse que vamos a poder hacer lo que queremos”, explica.

“Lo primero es comprobar que la propiedad encaja en el perfil del cliente y negocio”. Por ejemplo, Fafián recomienda analizar las vías de acceso a la propiedad, ya que algunas no cuentan con caminos asfaltados; también se debe estudiar cómo se van a solucionar todos los suministros, desde el agua a la energía o la conexión a internet. También se debe compartir el proyecto con los municipios más cercanos, ya que desde un inicio conviene integrarse con la comunidad rural, además de interesarse por posibles vías de subvenciones: “Si bien siempre aconsejamos que con ese dinero no se cuente para el proyecto, ya que puede tardar tiempo en llegar”.

Otro punto muy importante es determinar posibles elementos protegidos por patrimonio artístico, cultural u otros. Sin duda un hórreo asturiano o gallego, o una casa blasonada aportan un valor diferencial a la propiedad, pero también obligan a asumir los costes y cuidado de su restauración y mantenimiento, que el futuro propietario debe valorar ahora.

Pero el punto que Fafián considera más esencial es analizar “la estabilidad de la inversión”. Aunque piensa que en la actualidad “no hay precios tan inflados como los de hace unos años, hay que asegurar que se compra en el precio justo”. Lo importante es valorar si una vez realizada la rehabilitación, el propietario podría venderla recuperando el precio de adquisición más lo invertido en reforma, punto donde es importante la  demanda general de la zona.

Para presupuestos muy variados

Desde Aldeas Abandonadas se insiste en que el rango de precios para comprar un pueblo o aldea abandonada es variadísimo. Los más económico serían casas, “algunas para entrar a vivir desde 40.000 a 50.000 euros”, y en el rango opuesto pueblos rehabilitados para el turismo rural que pueden alcanzar de 2 a 6 millones de euros. En Soria, Burgos o León se puede adquirir pueblos enteros desde 250.000 a 600.000 euros, y en Galicia, aldeas llenas de encanto por 800.000.

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