Cómo sacar rendimiento a la luz natural

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Vivimos en una sociedad que prima lo tangible sobre lo espiritual. Apreciamos todo aquello que podemos medir, pesar, tocar… y a menudo descuidamos el poder de las emociones que pueden provocar una carcajada, un llanto, un color, un olor o un baño de luz natural en una selva de ladrillos. Paradójicamente, y nunca mejor dicho, valoramos la luz natural en su justa medida cuando esta brilla por su ausencia.

Sería injusto tratar el tema de la luz natural en arquitectura sin hablar de Alberto Campo Baeza, conocido precisamente por ser el arquitecto de la luz. Según Baeza:

“La luz es el material más hermoso, el más rico y el más lujoso utilizado por los arquitectos. El único problema es que se nos da gratuitamente, que está al alcance de todos y entonces no se valora suficientemente”

Baeza enumera como piedras angulares de la luz la GRAVEDAD que construye el ESPACIO, y la LUZ que construye el TIEMPO”.

La luz, ya sea natural o artificial, es para la arquitectura y el interiorismo un tema capital, en tanto en cuanto lo es para las personas. Cada vez que tomamos una decisión en un proyecto deberemos preguntarnos: ¿En qué y cómo afecta esta decisión a la luz? Dicho esto, se antoja imprescindible conocer su mecánica y sus fundamentos teóricos.

La gente suele pensar que la luminosidad de un espacio, pongamos una vivienda, es algo que se tiene o no, una cualidad. Una vivienda puede ser soleada y luminosa o por el contrario sombría y oscura. Blanco o negro. Pues no es así. Esto es solo una verdad a medias, puesto que podemos incidir en muchos aspectos para sacar el máximo rendimiento a la luz natural con la que contamos, sea esta mucha o poca.

Comportamiento de la luz natural

La luz solar hace su aparición durante las primeras horas del día por el Este, continuando a medida que pasan las horas por el Sur (hemisferio Norte) y desapareciendo por el Oeste. Otro aspecto importante a tener en cuenta es la inclinación de la propia radiación, más cerrada y con menos grados de apertura en otoño-invierno, generando sombras más alargadas y por el contrario más vertical en primavera y verano.

Es aconsejable utilizar un simulador para entender estos conceptos que teóricamente pueden resultar complejos pero que, sin embargo, son sencillos de asimilar de forma gráfica.

La gran diferencia entre la luz natural y la artificial es que la luz natural está viva. La luz natural cambia, muta, se altera en función del día, hora, mes o de las condiciones climáticas.

El comportamiento de la luz natural escapa a nuestro control. Por tanto solo podemos, y debemos, acomodarla según nuestros intereses actuando sobre el espacio arquitectónico para beneficiarnos de su movimiento natural. Con la luz artificial ocurre justo a la inversa. Tenemos la capacidad de generarla y manipularla a nuestro antojo.

Aprovechando la luz natural en una vivienda

El binomio espacio-luz debe ser el hilo conductor de todo proyecto o reforma de vivienda. A la hora de tomar decisiones de distribución, superficies, geometrías, materiales… siempre debemos tener presente su interacción con la luz.

Si disponemos los dormitorios con entradas de luz natural orientadas al Este podremos disfrutar de los primeros rayos de sol entrando por la ventana. ¿Existe mejor despertador? Y una vez nos levantamos ya podemos prescindir de la luz.

A medida que avanza el día la radiación solar se desplaza al Sur, por lo que orientar al Sur espacios como cocina o salones garantizan el disfrute de más horas de claridad. Por el contrario, nos interesa volcar al Oeste aquellas estancias en las que queremos aprovechar los últimos rayos de sol del día: la zona de despacho podría ser una opción.

Hemos de tener en cuenta el efecto de la luz sobre los diversos objetos o partes de una vivienda, ya que en determinados casos puede resultar molesto. Por ejemplo cuando se proyecta sobre el monitor de un ordenador o televisor.

Orientados al Norte, zona sombría y fría por excelencia, estaría justificado ubicar aquellos espacios en los que la luz natural es más prescindible, por ejemplo, zonas de office, almacenaje o incluso aseos.

Aparte de los condicionantes lumínicos también debemos tener en cuenta el movimiento o la incidencia solar como uno de los elementos más influyentes en la climatología de una vivienda. Aquellas estancias con mayor necesidad de calor dependerán de menos aportes energéticos si las ubicamos al Sur, siempre teniendo en cuenta que en verano viviremos la situación inversa.

La herramienta más poderosa para potenciar las virtudes de la luz natural es el color. Las estancias en tonos cálidos son más propensas a inundarse de luz y generar amplitud, y los acabados brillantes acentúan esta sensación mientras que los mateados la diluyen.

Los colores oscuros absorben la luz. Percibimos el negro como tal porque no refleja “nada” de luz, generando espacios angostos a la par que elegantes con un sinfín de matices generados por la incidencia de luz natural. Un ejemplo tremendamente ilustrativo para asimilar este concepto es la habitación en dos versiones, blanca y negra, que Zaha Hadid proyectó para el Hotel Puerta de América en Madrid.

Haciendo buen uso de la distribución de espacios, colores y acabados podemos canalizar y aprovechar la luz natural. Y cuando no es posible, existen recursos en el mercado tales como tubos solares que nos permiten captar y transportar la luz natural a los lugares más recónditos de la casa, como si de un conducto de agua se tratase.

Otro buen recurso para dividir diferentes piezas, salas o habitaciones garantizando intimidad sin impedir la trasferencia de luz natural es emplear vidrios, metacrilatos o policarbonatos traslúcidos en lugar de paramentos opacos.

En no pocas ocasiones, la calidad de vida real generada por una vivienda viene dada por decisiones en apariencia insustanciales, y muchas de ellas tienen que ver con la luz natural.

 

Foto: @epSos.de, distribuida con licencia Creative Commons CC BY 2.0

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