¿Centros comerciales o ‘resorts’ de ocio? Así está siendo la transformación de las grandes superficies

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Madrid ha inaugurado Plaza Río 2, el último gran centro comercial abierto en la capital. Según su director, Enrique Valiente, este centro responde al modelo innovador que están demandando las grandes ciudades: con una propuesta en la que el ocio, la restauración y la arquitectura tienen tanto protagonismo como la oferta comercial.

Ya queda muy atrás el concepto de centro comercial dominado por una superficie de alimentación, al que las familias acudían para hacer la compra doméstica, visitar alguna tienda y hacer una comida rápida en un restaurante fast food.

Como explica Carolina Ramos Alcobía, directora del departamento Leasing de Centros Comerciales de la inmobiliaria Aguirre Newman, “estamos asistiendo a la mayor época de transformación de los centros comerciales que hemos vivido desde que comenzaran a funcionar en España, hace ya casi 40 años. Ninguna propiedad que conozca el mercado es ajena a esta necesidad: la imagen, la arquitectura, los elementos visuales… Todo eso ya está entre las mayores preocupaciones de los promotores”.

El consumidor exige una oferta diferencial y un entorno atractivo para disfrutar de su tiempo libre. Eso ha hecho que se incrementen las dimensiones de los centros (Plaza Río 2 cuenta nada menos que con 40.000 m2), de modo que tengan capacidad para acoger propuestas muy variadas. Ya no se trata de ir de compras, sino de pasarlo bien.

Buena comida y diversión

La restauración tiene una especial importancia en este cambio. Las hamburgueserías han dejado espacio a los restaurantes gourmet, que “se han convertido en la principal locomotora de muchos espacios”, señala Álvaro Martín, director de Expansión y Franquicias del grupo Eat Out.

Un ejemplo práctico de ese nuevo concepto es El Mirador de Plaza Río 2, la mayor terraza de restauración de la capital (3.000 m2), que además de unas fantásticas vistas sobre la ciudad, reúne locales de cocina internacional y especializada.

Hasta hace no mucho, los cines constituían la única oferta de ocio en los centros comerciales. Ahora los proyectos se inspiran en los resorts de lujo: gimnasios, spa, zonas de juegos infantiles, pistas de esquí (como la de Xanadú, en Madrid), túneles de viento para hacer paracaidismo (como el de Sambil, en Madrid), complejos acuáticos para hacer surf (Puerto Venecia, en Zaragoza), karts, paint ball

La actividad comercial opta por la multimarca, cada vez con firmas más exclusivas, y a ocupar nichos específicos, como los outlets, que ya representan el 2% de la superficie global del sector: “Los outlets, además de ofrecer primeras marcas nacionales e internacionales a precios reducidos, han mejorado notablemente su diseño y han evolucionado hacia una arquitectura más sostenible”, apunta Eduardo Ceballos, director de la gestora inmobiliaria Neinver España.

La transformación de los centros comerciales también contempla un cambio de ubicación: “Tenemos que vincular la ciudad con el centro comercial, que esté integrado en su vida –afirma Enrique Valiente–. Tienen que desplazarse hacia donde está la gente, que es en la ciudad. Y si están en las afueras, deberán tener una oferta muy amplia. Tenerlo todo. O correrán peligro”.

La inversión es el mejor termómetro de la rentabilidad del sector. Según los datos de la consultora Deloitte, en 2016 las operaciones de compra de centros comerciales en España ascendieron a casi 3.800 millones de euros, casi el doble que en 2015. Y en lo que va de año la cifra ya alcanza los 2.300 millones.

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