Carriles-bici recorriendo las ciudades por el aire: ¿fantasía o una ingeniosa solución de movilidad?

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“Andar en bicicleta por Madrid no es seguro con tanto tráfico. Incluso los carriles-bici son incómodos porque cuando no tienes que cruzar calles, te encuentras con peatones que hay que ir evitando”. La queja es de Mario, ciclista aficionado de fin de semana, que prefiere coger su moto para ir a trabajar. Él, como muchos otros, asegura que la bicicleta sería un vehículo perfecto para la ciudad, limpio y saludable…, pero en otras condiciones.

Imaginemos un escenario ideal para Mario: vías reservadas para pedalear, alejadas de coches y transeúntes, que recorrieran los centros neurálgicos de las ciudades para llegar en pocos minutos a la oficina o, simplemente, para disfrutar del paseo.

Esa es exactamente la propuesta que han hecho dos equipos de arquitectos y urbanistas británicos, ambos con proyectos diferentes para Londres, pero que parten de la misma idea: convertir los carriles-bici en exclusivos pasos elevados.

Thames Deckway

El arquitecto David Nixon y la artista Anna Hill, en colaboración con Arup (responsable de la Ópera de Sidney) y el estudio Hugh Broughton Architects, han propuesto al ayuntamiento londinense la construcción de un carril flotante sobre el Támesis: 9,6 kilómetros que unirían Battersea y Canary Wharf, el tramo del río que recorre el corazón de la capital.

Nixon y Hill calculan que podría absorber hasta 12.000 ciclistas por hora y ahorrar unos 30 minutos en el trayecto completo. Además, la pasarela daría información a los usuarios sobre el pronóstico del tiempo y la situación del tráfico.

La idea inicial es que sea utilizada por los ciclistas solo durante las horas punta de la mañana y la tarde, con un peaje de 1,5 libras (unos dos euros) para amortizar una inversión estimada en 754 millones de euros. El resto del tiempo estaría abierta a los transeúntes.

SkyCycle

Esta propuesta es aún más ambiciosa: kilómetros de pasarelas elevadas que seguirían las líneas del metro y del tren de cercanías, y que podrían comunicar a seis millones de personas con el centro de Londres en menos tiempo, de manera sostenible y segura.

“Los grandes proyectos son los que han transformado la historia de esta capital”, ha afirmado Anna Rose, directora de la consultora Space Syntax, que con Foster-Partners y Exterior Architecture ha dado forma a SkyCycle.

El problema también es el coste de una obra que cambiaría la fisonomía de Londres: solo los apenas siete kilómetros que separan Stratford de la estación de Liverpool Street llevarían la inversión a 220 millones de libras (unos 265 millones de euros).

Boris Johnson, el alcalde de la capital, firme defensor del uso urbano de la bicicleta, se ha mostrado muy interesado en Thames Deckway y SkyCycle. Y hay equipos de investigadores en distintas facultades de ingeniería del país preparando estudios técnicos sobre la viabilidad de ambos proyectos.

Por tanto, hablamos de una posibilidad real de dar una solución vanguardista y arriesgada a la movilidad sostenible en las metrópolis. De hecho, ya existen obras similares, aunque a menor escala, como el Cycle Snake de Copenhague, una pasarela elevada sobre las aguas del puerto; el Hovenring, la rotonda flotante de la ciudad de Eindhoven (Holanda); o el puente futurista de Rotterdam que conecta el centro de esa ciudad holandesa con una reserva natural.

En todo caso, lo que demuestran todos estos proyectos es que ya nadie concibe las ciudades del futuro sin la bicicleta.

Imagen @William Murphy distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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