Cómo refrescar la casa sin encender el aire acondicionado

Raúl Alonso

Cuando el mercurio supera la barrera de los 30 grados son muchos los españoles que se emplean a fondo en la batalla contra el calor. La instalación de equipos de aire acondicionado y refrigeración es cada vez más común en las viviendas, pero su alto coste energético aconseja utilizarlos con moderación para evitar sobresaltos en la factura. Los expertos calculan que introduciendo una serie de sencillas prácticas podemos ahorrar hasta un 30% del consumo, en una estimación realizada por Iberdrola.

 

Máximo 12 grados de diferencia entre el interior y exterior

No hay consenso sobre la temperatura óptima a la que se debe mantener una vivienda en los meses estivales. Las recomendaciones varían según la fuente que se consulte, aunque según el Ministerio de Industria, Energía y Turismo, se sitúa entre los 22 y 25 grados. En cualquier caso, un buen método para decidirlo es saber que la diferencia entre la temperatura exterior e interior no debe exceder nunca de los 12 grados, de este modo se evita un choque térmico que pudiera ser perjudicial para la salud.

 

Trucos para refrescar

Con las altas temperaturas que muchas localidades españolas soportan en los meses de julio y agosto, con picos superiores a los 40 grados, es difícil mantener la vivienda agradable sin la asistencia del aire acondicionado pero sí que es sencillo reducir sus horas de funcionamiento:

  • Deja las persianas bajadas. Recupera esa obsesión de la abuela por mantener la vivienda en penumbra. Sin duda es una de las acciones más sencillas y eficaces que puede reducir la temperatura interior en hasta 6 grados. Se debe prestar especial atención a las orientadas al sur y el oeste.
  • Instala toldos. Al menos en las ventanas con mayor exposición al sol y en las terrazas y balcones. La oferta del mercado es muy amplia por lo que debes buscar el consejo del proveedor para dar con la solución más acertada para tu vivienda.
  • Ventila por la noche. Aprovecha las horas de menos calor del día para abrir las ventanas y renovar el aire. En las viviendas donde sea posible hay que crear corrientes para mover el aire. Cuando no hay ventanas enfrentadas se puede buscar el mismo efecto de túnel de aire con un ventilador.
  • El ventilador, un gran aliado. Un invento por el que no pasan los años. Algunas de las recomendaciones de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) para acertar con su compra son fijarse en las dimensiones de las palas y el diámetro del ventilador (a mayor tamaño, mayor eficacia), el número de velocidades, el caudal de aire que arroja, el ruido en el funcionamiento y las posibilidades de orientación. Instalar uno de techo en el salón hará más agradables las horas de lectura y televisión.
  • Ilumina de forma adecuada. El 80% de la energía que consumen las bombillas tradicionales incandescentes se transforma en calor. Si aún no has introducido en la vivienda la iluminación LED, aquí tienes otra buena razón para hacerlo cuanto antes.
  • Utiliza los electrodomésticos de forma adecuada. En especial el horno, pero también lavadora, lavavajillas y, por supuesto la plancha. Todos ellos irradian gran cantidad de calor, por lo que debes encenderlos en las horas de temperatura exterior más bajas. En la medida de lo posible evita cocinar con horno, es el momento de utilizar la barbacoa.
  • Cierra las puertas de las habitaciones que no utilizas. Otro sencillo gesto de grandes resultados. Si en tu vivienda hay una serie de habitaciones que no se utilizan durante el trasiego más habitual, mantenlas cerradas para guardar el aire fresco en la zona más habitada.
  • Utiliza sábanas de tejidos naturales. Luce ahora las sábanas de algodón e hilo. Generan una sensación de frescor en contacto con la piel porque favorecen la transpiración. También conviene cambiarlas más a menudo. En el caso de la almohada, desde hace unos años se comercializan unas rellenadas de cáscara de alforfón, que son más frescas en verano al permitir que circule el aire en su interior.
  • Refresca tu cuerpo por fuera y por dentro. En contra de lo que se suele pensar, conviene ingerir bebidas a temperatura ambiente. Las muy frías generan una reacción interna con mayor consumo de energía hasta que el cuerpo recupera sus 37 grados. Del mismo modo, conviene que la dieta incluya más verduras, ensaladas y productos menos cocinados, lo que facilita las digestiones. Tener un difusor de agua a mano también es un recurso muy agradecido para refrescarnos, aunque una rápida ducha es el remedio más eficaz para los momentos de calor más angustiosos.

Todos ellos son remedios sencillos que ganarán eficacia en la medida en que los incorporas en mayor número a tus rutinas diarias. Y no olvides que si estás en proceso de búsqueda de una nueva vivienda uno de los criterios que puede utilizar en su selección es el de su aislamiento al calor.

Apuesta por viviendas con estudios bioclimáticos, que tratan tanto de limitar las pérdidas energéticas como de ofrecer resistencia a los agentes externos.

Factores como el de la orientación del edificio, los materiales o el propio color de la fachada van a influir en su resistencia al calentamiento durante el verano.

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