Aisla tu casa y mantén el frío a raya

¡Ha llegado el frío de golpe!  En invierno es cuando más tiempo pasamos en casa al calorcito de la calefacción. Por eso es el momento de ponernos en marcha y preparar el aislamiento de nuestra casa y mantener el frío a raya.

 

Renovar estructuras, sacar un mejor partido a la orientación, conocer qué materiales pueden ofrecer mejor rendimiento, reforzar el aislamiento e impermeabilizar zonas expuestas. Estas son algunas de las pautas arquitectónicas que se deben tener en cuenta para evitar en lo posible derrochar energía y, además, ganar en confort en nuestro hogar. Hacemos un repaso a algunas de las principales cuestiones que no debes pasar por alto si estás pensando en reformar tu vivienda de cara al frío.

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Cuando el sistema de calefacción no rinde, además de controlar la potencia proyectada conviene dar un repaso a la envolvente de la casa para determinar el origen de las pérdidas térmicas, ya que para conseguir una temperatura confortable hay que insuflar a una casa la cantidad de calor equivalente a la que pierde. Si la vivienda carece de aislamiento o tiene ventanas por las que se producen filtraciones de aire, no se conseguirá equilibrar la temperatura interior, lo que repercutirá directamente en la sensación de comodidad y en el gasto energético.

Estos problemas se hacen aún más evidentes en los edificios antiguos con más de 35 años de antigüedad, puesto que son anteriores a la primera normativa de ahorro energético elaborada en España. Por eso, ahora que comienza la temporada de calefacción, conviene verificar cómo se comporta tu casa como piel de protección ante el frío: ¿Se adapta al clima, aprovecha el sol, está bien aislada, se pueden mejorar las ventanas?

Saca partido a la orientación.En el hemisferio norte, una fachada orientada al sur es como un acumulador de calor que te provee de energía gratuita. Por eso, si puedes, abre más ventanas o amplía las existentes, para que el calor de la radiación solar pueda acumularse en los materiales con masa térmica para emitirse posteriormente al ambiente, contribuyendo así a rebajar la carga térmica necesaria para la calefacción o permitiendo emplear sistemas más económicos y eficientes. En esta casa proyectada por Rue Space, por ejemplo, la fachada traslúcida y doble capta y acumula el calor del sol para luego transmitirlo al interior.

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Buenos aislantes. La inercia térmica es la propiedad que tienen los materiales con masa –es decir con grosor y densidad– para acumular calor, reservándolo en su interior para emitirlo al ambiente al cabo de unas horas. De esta forma, la casa se autorregula, consiguiendo una temperatura estable a lo largo del año y, por tanto, un gasto de calefacción menor. Conviene, en este sentido, colocar la pared más gruesa hacia el interior y hacia el exterior el tabique de cerramiento que protegerá el aislante o algún sistema de fachada ventilada. Si se trata de una casa antigua, aprovecha para descubrir la piel original de piedra o ladrillo, y por fuera usa, por ejemplo, un sistema de mortero aislante por capas, como el Weber Therm.

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 Ahorra energía. Para que el calor que genera tu casa no se pierda por paredes, suelos y cubiertas es necesario aislarla térmicamente. Así evitarás, por ejemplo, sobredimensionar el sistema o tener que subir la temperatura, lo que supondría por grado de incremento entre un 5% y un 7% más de gasto. Para empezar, la forma más adecuada de aislar es por el exterior. De esta forma, se evitan puentes térmicos y se aprovecha hacia el interior la inercia térmica de los materiales.

En obras de rehabilitación, es un método que acelera los trabajos y que, además, mantiene invariable la superficie interior. Como ventaja agregada, la envolvente queda más protegida ante las inclemencias climatológicas. Se han de considerar todas las superficies que dan al exterior, las que están en contacto con espacios sin calefactar y las que lindan con otras viviendas: muros, cubiertas, forjados sanitarios o en voladizo, medianeras, espacios comunes de edificios, forjados entre plantas, habitaciones pegadas a garajes, etc.

Recuerda que el calor tiende a escaparse por los puntos más fríos de la habitación. Si no te queda otra opción que aislar las fachadas por el interior, el ambiente se calentará más rápido, pero también al apagar la calefacción no se acumulará el calor en las paredes, y en consecuencia en las estancias, ya que se anulará la inercia térmica.

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Unifica ambientes. Una distribución menos compartimentada y adaptada a las necesidades reales de cada usuario, es decir, sin derroche de superficie, es también una forma de ahorrar en calefacción, ya que evitas tener habitaciones que no se usan pero que, aún así, hay que mantener con una temperatura mínima para que no originen pérdidas.

En otras palabras, de este modo consigues que las condiciones de confort sean las mismas en todos los ambientes de la casa. Es el caso de las zonas de día unificadas en un mismo ambiente, en las que cocina, estar, comedor y zonas de paso se pueden beneficiar por igual de una orientación sur, gastando así menos en electricidad y calefacción.

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La importancia del tejado. La cubierta es la zona de la casa más expuesta y que, por tanto, es necesario aislar adecuadamente. Evitarás pérdidas térmicas en invierno, así como un excesivo calor en verano. El material aislante colocado por el exterior es efectivo tanto en cubiertas pesadas como en ligeras, ya que lo que se busca, además, es que no se enfríen ni se calienten en exceso los materiales de cubrición.

El uso de un sistema de capas es muy eficaz, como el que se puede formar con los tableros aislantes de fibra de madera Gutex, de excelente protección tanto frente al calor como el frío. Tienen inercia térmica, son porosos, transpirables y evitan además la sensación de superficie fría. Como ventaja añadida, te permiten hacer una renovación en seco.

Desde la cubierta también puedes beneficiarte de la entrada de luz, sol y ventilación mediante la instalación de ventanas de techo. Eso sí, debidamente provistas de sistemas de protección. Su accionamiento se simplifica con el uso de sistemas como el Integra de Velux, de accionamiento eléctrico o solar, que te permite abrir y cerrar con un mando a distancia tanto la ventana como las cortinas, los toldos y las persianas. Además, vienen provistos de un sensor de lluvia que cierra automáticamente la ventana cuando empieza a llover.

Y de la azotea… Para reforzar el aislamiento de una azotea, puedes emplear un sistema de obra seca, como el que te proporcionan las baldosas de hormigón poroso en combinación con una base adherida de poliestireno extruido. Se pueden instalar con pendiente cero y no les afectan los cambios bruscos de temperatura o las heladas. Si las combinas con una cubierta vegetal ecológica, aumentarás el aislamiento térmico y acústico, así como la inercia térmica del espacio interior. De este modo contribuyes, además, a reducir el polvo y la contaminación atmosférica.

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Protege la terraza. También puedes incorporar aislamiento e impermeabilización en una terraza, que además es el forjado de la planta inferior, instalando una tarima de madera maciza sobre rastreles.

 

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Cambia las ventanas. Es otro punto fundamental por el que se pierde energía. Las carpinterías más aislantes son las de PVC y las de madera, seguidas por las de aluminio de gama alta con rotura de puente térmico. Lo recomendable sería, además, que se fijaran a un premarco, para que la ventana ajustara perfectamente. Pero también influye el grosor de los perfiles y el grado de estanqueidad que se obtiene con el diseño de los mismos. Por último, conviene ajustar el tamaño de los huecos según el clima, la exposición de la casa y la orientación. Por otro lado, una hoja muy dividida tiene más pérdidas que una hoja entera.

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El vidrio, al ocupar la mayor superficie dentro de la ventana, es el que tiene más peso en la generación de pérdidas térmicas. En este sentido, además de ajustar la separación de cámara, el doble acristalamiento básico puede mejorar hasta tres veces más si se emplean vidrios con capa o de baja emisividad, como es el caso del Climalit Plus.

Según el tipo que elijas, podrás reforzar el aislamiento térmico y el control solar, pero sin disminuir el aporte luminoso. Constan de una película metálica, del lado caliente de la luna interior, que evita que se pierda gran parte de la energía calorífica que se genera en la vivienda y en verano reduce la entrada de calor.

Una galería acristalada, o un cerramiento de vidrio a modo de invernadero adosado, es una protección extra para la fachada, empleada especialmente en zonas frías y orientadas al sur. Por la noche es necesario protegerlas con dispositivos exteriores, así como tener una ventilación que evite condensaciones. Servirán además como refuerzo extra unos cortinajes pesados o estores de material aislante.

Todas las ventanas tienen que protegerse por la noche para evitar que el calor acuda a los puntos más fríos de la pared, pudiendo perderse hasta un 30% de energía. De nuevo, el mejor aislamiento se consigue por el exterior mediante porticones de madera maciza. Asimismo, este tipo de protección es más efectiva también en el verano, puesto que una contraventana interior aumenta la temperatura y puede provocar la rotura del vidrio. Si tienes persianas de enrollar no te olvides de aislar correctamente los cajetines. Otra opción es reemplazarlas por persianas de instalación exterior, entre jambas o sobre fachada.

Redacción equipo Houzz

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